Tragedia cantada
Aníbal Charry González
La que sucedió con la remodelación del estadio de fútbol que va raudo a convertirse en otro elefante blanco de los tantos que abundan en esta sabana africana de la corrupción en materia de contratación que es nuestro Departamento. Y pudo ser peor con muchos más muertos, hasta llevarse al mismo director de Planeación Nacional Simón Gaviria que pudo terminar muerto cuando vino paradójicamente a advertir tardíamente las falencias que tenía el proboscidio de concreto visitando este emblema de la improvisación y la corruptela endémica de la administración pública, convertida en coto de caza de las mafias de la contratación amancebadas con los políticos que nos gobiernan para enriquecerse ilícitamente con cargo a la desgracia del pueblo colombiano.
Porque no hay que ir muy lejos, ahora que como siempre se anuncian investigaciones exhaustivas sobre los muertos y la destrucción para saber que los únicos responsables de la tragedia tienen nombre propio, y son estos políticos de mierda que elegimos cada cuatro años, a quienes solo les interesa el cobro apresurado de las coimas para celebrar contratos como el de la remodelación del estadio, no importa que después se conviertan en faunas mortales en este paraíso de la contratación pública a dedo que es el Huila para favorecer corruptos y campeones en proyectos críticos y obras inconclusas producto del desgreño y la improvisación.
Y es que son responsables los unos por acción robando con rapacidad a través de la contratación, y los otros por omisión como en el caso del alcalde Lara que habiendo podido evitar la tragedia suspendiendo la obra cuando ocurrió el primer colapso y fue advertido por el presidente de la Dimayor Jorge Fernando Perdomo sobre las graves falencias que tenía el proyecto y la corrupción del contratista; con su proverbial sordera y arrogancia lo que hizo fue renovarle su ejecución, para anunciar ahora sobre el réquiem a los difuntos la suspensión indefinida del esperpento estructural para que se hagan los estudios que determinen si se continúa después de 27.000 millones de pesos despilfarrados, o sino liquidarlo para quedarnos definitivamente sin estadio y graduados en incuria para construir las obras que requiere nuestra descaecida ciudad secularmente desgobernada por corruptos e incompetentes.
No podíamos ser inferiores a la bien ganada fama de pésimos ejecutores que vino a advertir Simón Gaviria visitando la obra crítica que por poco lo aplasta frustrando sus aspiraciones presidenciales, dándonos cátedra de buen manejo de las regalías en una región donde su dirigencia política es experta en robárselas como en el caso del paquidermo de marras, y donde seguramente no volverá para no terminar como los obreros injustamente convertidos en peregrinos de la eternidad por cuenta de la peor plaga que nos ha podido caer sin que veamos el pesticida que la pueda combatir, estimulada por un sistema político vitando que hace posible que los gobernantes elegidos inexorablemente pongan el presupuesto público al servicio de los financiadores de sus campañas, incluidos los que llegan montados fementidamente en promesas de transformación, transparencia y cero corrupción en la administración pública. En suma seguiremos invictos con la corrupción y sin estadio.
