viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-09-20 10:33

Trágico hecho

El asesinato de la señora Carolina Calderón a manos de su hijo en el Espinal, Tolima, demuestra lo destruido que está el tejido social.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 20 de 2014

En un acto demencial, Juan Camilo Escobar, de 18 años, aparentemente bajo los efectos de alucinógenos tomó un arma blanca y asesinó a su progenitora de 40 años, dentro del cuarto donde dormía. Dejó gravemente herida a su abuela, Lola Inés Sánchez, de 78 años y luego intentó quitarse la vida.

Neiva y el Huila en general no se escapan de esta realidad, recientemente en el municipio de Gigante, en el centro del departamento, un joven por robar a un anciano lo mató de una pedrada. Esto no es nada, en la capital de esta región y en otros departamentos se han presentado casos de feminicidios en los que los maridos o compañeros sentimentales asesinan por celos a su pareja.

La sociedad está en crisis, los valores y el sentido de la vida está vulnerado no solo por la banalidad sino por la efímera vulgaridad que se pregona en los mismos centros educativos.

El desprecio por la vida ya es un valor. Al menos así lo hacen ver muchas series de televisión que reproducen la vida de sicarios y matones, con el escudo de que es entretenimiento y de que no hay nada qué hacer ante la cruel realidad.

Lo cierto es que, siendo sinceros, es que la muerte de la señora Carolina es la muerte de la sociedad misma, es la advertencia a muchas madres que se le salieron los hijos de las manos y ahora ellos, insatisfechos con su vida, quieren acabar la que les dio vida.

De todas formas, aún existe una posibilidad para salir adelante. La educación debe ser más rigurosa y menos excluyente. Ellos, los estudiantes serán padres algún día y eso le enseñarán a sus hijos. No podemos pensar ahora que los padres eduquen a sus hijos, pues si ellos nunca fueron educados ¿qué darán? La solución está en una educación que llegue a cada rincón del país. Una enseñanza que excluya de tajo la violencia.