jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-05-09 12:40

Tierras, desarrollo rural y nuevos espacios

Desde el año 2000, en Colombia se viene observando un inusitado traslado del campo a la ciudad. Un fenómeno que se sucede no sólo como producto del enredo de un conflicto armado y de la incompetencia de un Estado para solucionarlo, sino también del deseo ferviente de una población, erróneamente denominada desplazada, pues en realidad lo que ha sido es desterrada, por encontrar un mejor vivir en un contexto urbano que resulta tan extraño como impositivo.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 09 de 2015

Esto, ha traído implícito para esa población, una serie de problemáticas que se entremezclan cada vez más, dentro de un panorama de luchas por el sustento diario, la salud, la educación, pero sobre todo, por un espacio dónde vivir, por un territorio, por un límite de fronteras dónde habitar. En esta transición ellos han entendido, que ya en ese nuevo mundo urbano, la lucha no es por el empleo, sino por la sobrevivencia, una sobrevivencia que implica, si es preciso, la delincuencia a todo costo, avalada por un Sálvese quien pueda.

Pero mientras esto ocurre, hay otro sector en el lado opuesto de la balanza que riñe por el poder, por el dominio, basado en la masificación de un desarrollo tecnológico y en el despertar de una sociedad de consumo que vibra con lo moderno pero que al tiempo continúa ignorando valores perennes como la solidaridad, la diferencia y el sentido de lo humano.

Esta situación la podemos apreciar claramente aquí en Neiva, con la proliferación de nuevos objetos urbanos como Hipermercados, Shopping Centers, cadenas de almacenes, tiendas de diversas índoles y marcas, y hasta centros de ocio como bares y modernos casinos. Son fenómenos que muestran un cierto predominio de la fluidez sobre el lugar, de una geografía de los flujos sobre una geografía de los lugares; de una geografía de lo dinámico sobre una geografía de lo estático. Es decir, dos polos de poblaciones luchando por la posesión y dominio de un espacio desde la perspectiva y evidente relación economía-territorio.

Así las cosas, también toman fuerza ahora las nuevas formas de territorialidad emergente. Es decir, la formación o dominio de los llamados territorios-red como los derechos de archipiélagos de un país; tal cual la contienda que perdió Colombia con Nicaragua no hace mucho tiempo en territorio marítimo. Emerge, entonces, con fuerza el dominio por ese tipo de territorios debido a que allí están implicados unos intereses económicos y políticos que rebasan los intereses de un país.

Pero por supuesto, que también se avecinan megaproyectos de rectificación física, de construcción de infraestructuras de circulación a alta velocidad, como autopistas o ferrocarriles modernos. Pues es claro que la territorialidad física se basa en la producción de bienes destinados a la producción de capital y al consumo, lo cual se vincula más con la esfera de la reproducción.

En estos espacios, y a partir de la relación economía-territorio, el desarrollo en este sentido va a pasar por la densidad y por la calidad de los contenidos territoriales. No cualquier proyecto territorial va a tener preeminencia y lograr el éxito. Sólo los que logren óptimos niveles de calidad podrán alcanzar las metas fijadas.

Una realidad evidente y moldeada por la simbiosis economía, territorio y desarrollo; la cual genera un proceso dinámico y continuo de efectos sustanciales propios de cualquier contexto y tiempo donde se presenten. Un proceso que se activó notoriamente después de la destrucción de las Torres Gemelas en Estados Unidos, puesto que fue un hecho que modificó las concepciones de poder, seguridad, mercados, ciencia, y tecnología, marcando un hito en la historia del mundo entero.