The Yellow Kid
Por Diógenes Díaz Carabalí
Según la sabia Wikipedia, “Prensa Amarilla” (The Yellow Kid) es el tipo de prensa sensacionalista que incluye titulares de catástrofes y gran número de fotografías con información detallada acerca de accidentes, crímenes, adulterios y enredos políticos. El término se originó durante la "batalla periodística" entre el diario New York World, de Joseph Pulitzer, y el New York Journal, de William Randolph Hearst, de 1895 a 1898. Ambos periódicos fueron acusados por otras publicaciones de magnificar cierta clase de noticias para aumentar las ventas, y de pagar a los implicados para conseguir exclusivas. El periódico New York Pressacuñó el término "periodismo amarillo" para describir el trabajo tanto de Pulitzer, como de Hearst.
Lógico que como todo lo que se origina en EE UU se vuelve moda, es adoptado sin razonar, se toma como patrón. El principal usufructo del The Yellow Kid es la espuria explotación del morbo, dirigida a las clases sociales de estratos más bajos, y en medios aptos para tal propósito como las mafias y quienes explotan negocios que implican ingresos fáciles. Eran su principal clientela. Colombia no podía quedar al margen, más cuando la relación comercial y cultural con el todopoderoso del Norte se desarrolla en forma vertical, tocándonos la condición de meros receptores. Hasta hace pocos años, periódicos y medios de médula amarilla eran mirados con recelo y hasta con asco, legendarios como el Caleño o el Bogotano se encontraban en las recepciones de los bares de mala muerte, en los burdeles de muchachas de labios raídos, en los hoteles de a rato como único instrumento de lectura, pero de alguna manera cundieron niveles más exclusivos y los medios nacionales y regionales entraron en la moda, primero con una sección denominada de Crónica Roja, para finalmente convertir la mayor parte del medio en amarillo, en una ilustración grafica de boletines de prensa de los comandos de policía, y cuentan con una amplia audiencia.
Lógico que los opinadores de los medios no podían excluirse. Muchos utilizan sus espacios para especular, para deducir afirmaciones sustentadas en calumnias ominosas sin medir las consecuencias. Álvaro Uribe nos acostumbró a tal método. Que Amenazaron a su entrevistador; después el entrevistador lo desmiente pero el daño ha cumplido su propósito. Pasó con un controvertido artículo del señor Edgar Artunduaga. Al parecer pretende perjudicar a un candidato a la Gobernación del Huila, al señor Julio Cesar Triana con quien me une una gran amistad, con afirmaciones maliciosas, sin sustento, para tender un manto de nubes sobre su integridad moral y personal, en un claro irrespeto a sus seguidores y al partido por el que aspira convertirse en candidato. Ahora el daño ya está hecho fundado en el amarillismo periodístico.
