Terrorismo moral y medios
Si el egresado no graduado y disciplinable impune de autos le hubiese puesto una bomba de tiempo a la sede de la Universidad Cooperativa de Neiva para destruirla físicamente,
le hubiera hecho menos daño que la bomba moral que le puso a la Facultad de Derecho lapidando de manera infame a sus directivos y a toda una comunidad universitaria que cesó actividades pidiendo el restablecimiento de su dignidad, honra y buen nombre, al sindicarla de cueva de ladrones y de nido de corrupción en sus declaraciones a este periódico, que lamentablemente sin reparar en el ingente daño sirvió de caja de resonancia al no indagar sobre el soporte del proditorio ataque por parte de un sujeto perverso y vengativo, que dejó al descubierto con su ímprobo accionar su siniestra condición.
Y es que el protagonismo que recibió por parte de los medios escritos so capa de objetividad informativa, lo hicieron protagonista del mal, que es lo que sabe hacer matoneando física y moralmente, porque no cumplieron con un principio ético periodístico de verificar las fuentes de la información antes de publicarla, para no servir de instrumentos del daño moral irreparable, como solicitarle que exhibiera las pruebas de sus infamantes sindicaciones cuando acusaba de la comisión de crímenes a personas decentes que integran una institución universitaria de la cual aspira a recibir el título, demostrativo de su desquicio y de la patente atonía moral del vil acusador, suficiente para no haber dado pábulo a sus calumnias, provenientes de un difamador patológico de oficio.
En este país de gentes sin honra y sicarios morales que no tienen nada que perder para perpetrar sus ataques, los medios no pueden servir para magnificar sus fechorías al punto de equipararlos con sus víctimas, sobre todo para que mancillen la dignidad y la honra, que para muchos es más importante que su propia vida, como tuvo que jugársela Rodrigo Lara para demostrarle al país que era un hombre honrado, frente a una celada que le montaron esta cáfila de forajidos que finalmente lograron su criminal propósito en medio del aplauso de gente de su misma ralea moral, que veían en el impoluto y valiente ministro un enemigo letal para sus ominosas pretensiones de enriquecimiento ilícito, que bien debía de servir de ejemplo en nuestra región para no darle malsano protagonismo a su ruindad destructora del buen nombre y la honra de las personas, sobre todo cuando existe tendencia en nuestro medio a solidarizarse con los victimarios convirtiéndolos en héroes de culto como ocurrió con sus despreciables asesinos.
Es necesario que los medios entiendan esa vital función en el ejercicio periodístico para que no sigan estos pájaros ruines tirándole a las escopetas cobrando víctimas de la decencia en un país que hace mucho rato perdió su rumbo moral para que los protagonistas sigan siendo los que encarnan el mal, que han invertido y pervertido impunemente el orden de las cosas y los auténticos valores, sin los cuales no puede sobrevivir ninguna sociedad que se respete.
