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Opinión/ Creado el: 2015-02-13 03:44

Temas urgentes para el país

Por Antonio Roveda Hoyos

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 13 de 2015

Hacia el año 1992, recuerdo bien, el diario El País de España publicó un artículo del escritor mexicano Carlos Fuentes sobre los temas claves para sumir el siglo XXI. Temas que, sin duda, no solo eran importantes sino perentorios, especialmente, para una Europa que empezaba a conocer los primeros golpes efectivos a sus economías locales y regionales después de la postguerra. El autor mexicano, insistía en que no se podía asumir el nuevo siglo y milenio sin que estos asuntos, de primer orden mundial y regional, estuvieran resueltos o por lo menos abordados política y estratégicamente, a fin de buscarles una solución inmediata o plausible en el tiempo.

El mundo cerraba entonces el siglo XX lleno de miedos, incertidumbres y de crisis a todos los niveles, salvo algunos pequeños brotes de crecimiento económico y consolidación de algunas democracias en ciertos países del Asia y de América Latina, la zozobra y las angustias individuales y colectivas del final de milenio eran evidentes y palpables. La incertidumbre, como un fantasma de la postmodernidad, no sólo rondaba el planeta a lo largo y ancho, sino que además habitaba en él tranquilamente. A pesar de los enormes adelantos en el conocimiento tecno-científico del siglo XX, recibíamos nuevamente el siguiente siglo lleno de las peores desigualdades sociales, con enormes inequidades de relación entre la producción y el consumo, con un alto déficit en el equilibrio comercial – y en la confianza – mundial; con un aumento creciente y sostenido del deterioro medioambiental y con los demás males que históricamente han hecho de este planeta, a la vez, un lugar hermoso y difícil para vivir (y para comprender).

La lista de asuntos por resolver, de los que mencionaba Fuentes en su artículo, también impactaba e implicaba a algunos territorios trasplantados de la Europa occidental, como son los Estados Unidos, Canadá y Australia. En el fondo, lo que señalaba Fuentes, es que las crisis de unos pocos países o de una región, por apartada que fuera, son asuntos de orden mundial que deberían formar parte de las preocupaciones de la gran agenda planetaria.

El primer tema, esbozado por Fuentes en su artículo, consistía en aclarar y consolidar continentalmente las políticas públicas de trato y regulación de los inmigrantes de los países del Sur que buscaban – y buscan aún – mejores condiciones de vida para ellos y sus familias en los territorios del Norte. Edgar  Morin, filósofo y humanista francés, llamaba a este fenómeno de la emigración, la nueva conformación de la “geografía humana” en el planeta o los “espejismos del Norte”, para señalar que los países desarrollados, con su impresionante carga de explosión comunicativa y publicitaria se convierten así mismo en verdaderos “oasis” imanados de profundas ficciones que atraen a los más pobres del mundo, vendiéndoles promesas de desarrollo y bienestar que no siempre son ciertas. Estas imágenes publicitarias del “confort”, producidas históricamente por las industrias culturales de los denominados “países primer mundo”, siempre han ido en franca contravía con las políticas migratorias de estos mismos países y con las duras fronteras que se siguen imponiendo desde los gobiernos de Occidente a nuestros países latinoamericanos, a parte del Asia y al África.

El segundo asunto de urgente solución, propuesto por Fuentes, estaba directamente relacionado con la nefasta guerra de los Balcanes y su terrible impacto social, económico, político y religioso en el continente. Esta guerra, de inspiración religiosa, no sólo erosionaba el proyecto de pasar de la Comunidad Económica Europea (CEE) a la Unión Europea (UE), sino que hacía evidente que las cuestiones de tolerancia religiosa aún no estaban  superadas, y que la intolerancia y discriminación de otrora seguía rampante y viva en los corazones de la Europa de los Balcanes. Los esfuerzos y sueños de entonces por consolidar un territorio común e integrado por la hermandad y el consenso se convertían en una tarea difícil de realizar.

Europa se enfrentaba así, y desde aquellas épocas, a las duras tensiones e incomprensibles contradicciones de lidiar, simultáneamente, con los crecientes movimientos separatistas que promueven las divisiones micro-territoriales de los estados nacionales, por un lado, y por el otro, con el aumento de las políticas, fondos y estrategias económicas por buscar la integración hacia un estado “supranacional” que permita la construcción de un proyecto común europeo.

Otros asuntos de la agenda que aparecían en el texto de Fuentes, hacían alusión, por su puesto, a los graves problemas que se generarían por el creciente desempleo en Europa, especialmente en poblaciones jóvenes bien formadas y por el aumento de las desigualdades sociales que empezaban habitar en la periferia de las grandes ciudades como París, Madrid, Londres, Berlín y Roma.

De otra parte, el mismo texto de Fuentes, indicaba que no era posible llegar al nuevo siglo sin que Europa y el mundo asumieran seriamente el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de las minorías étnicas y religiosas. Así mismo, insistía en la directa responsabilidad europea en la consolidación de las democracias mundiales;  en la protección y promoción del cuidado del medio ambiente y, en que el siglo y el milenio deberían seguir promoviendo y aumentando los fondos de “cooperación internacional”, que como diría el escritor uruguayo Mario Benedetti, la “solidaridad es la ternura de los pueblos”.

En fin, los temas eran muchos y la lista era extensa. Sin embargo, lo grave de la situación es que cerramos el siglo pasado y abrimos el presente y estos temas se quedaron sin resolver. Es decir, nuevamente la tarea nos quedó incompleta o como casi siempre mal hecha y olvidada. Iniciamos entonces este siglo y milenio con esta lista de pendientes locales, regionales y mundiales, y el tiempo que no perdona, nos muestra que no sólo se han acumulado los problemas, sino que a su vez han crecido y se han extendido planetariamente.

Ahora bien, a partir de este texto del autor mexicano, tristemente inspirador, propongo entonces una lista de algunos asuntos pendientes y sin resolver para Colombia, advirtiendo que ningún de ellos es ajeno en su relación e impacto con la región latinoamericana y por su puesto con el mundo. Hoy no existe ninguna globalización posible sin una localización real.

Algunos de los temas que considero fundamentales para Colombia y que por ende se deberían abordar con urgencia, son los siguientes. Sin duda, la reconciliación nacional es el primero. Es la hora de finalizar el conflicto armando e iniciar la larga y compleja tarea de pensar en construir desarrollo con equidad en tiempos de postconflicto. Tarea difícil, necesaria y urgente. Este asunto, que históricamente hemos debido evitar o por lo menos resolver antes de finalizar el siglo XX, tiene orígenes disímiles ante los académicos de la Comisión Histórica del Conflicto. Unos señalan que las causas de la confrontación nacen como lógica consecuencia del total abandono del campo por parte del Estado colombiano. Otros, por su parte, indican que ha sido la atávica exclusión social, política y económica lo que dio origen a la guerra en Colombia. Algunos más advierten que ha sido la desigualdad social y el narcotráfico los motores que han generado e impulsado la violencia y la confrontación armada en las últimas tres décadas. No obstante, la disparidad de perspectivas frente a las causas mismas del conflicto, todos los expertos coinciden en anotar que el origen del problema está directamente relacionado con el abandono del campo y del campesinado, generando así una compleja situación entre explotación, tenencia de la tierra, titulación de propiedades y desarrollo del sector.

Lo que si es cierto y visible, independientemente de las causas que se le atribuyan al conflicto, es que la notoria desigualdad entre los habitantes de la ciudad y nuestros campesinos, en todos los niveles, ha generado el ambiente y escenario propicio para que exista y perdure en el país el conflicto, se aumente el reclutamiento forzado y, por supuesto, el desplazamiento de millones de colombianos, que hoy deberían ser motivo de profundo dolor y de vergüenza nacional. A la fecha, tristemente el país luce una cifra innombrable de más de cinco millones de desplazados. Hombres y mujeres pobres, víctimas directas de la violencia, que deambulan por las calles de nuestras ciudades mendigando lo que alguna vez tuvieron dignamente en sus manos: trabajo y alimento.

Otros temas pendientes, no menos importantes y también prioritarios, ligados en su estructura todos, serían: el aumento de la cobertura con calidad y sostenibilidad de la educación de los colombianos, en todos sus niveles y por encima de las tablas e indicadores de medición nacional y mundial. La educación es un asunto prioritario para el país, y ha sido una tarea aplazada por décadas y casi nunca ha aparecido como un asunto estratégico en las agendas de los gobiernos locales y nacionales. La educación no es una entelequia o un etéreo; la educación con calidad significa mejor infraestructura, más inversión, mejores salarios y estímulos a docentes, más producción, competitividad, investigación, innovación, desarrollo, etc. La educación le da sentido a la vida y mejor porvenir al país.

También sumo a lista algunos asuntos históricamente pendientes por resolver y que hoy soy prioridad en el mundo, y por lo tanto se convierten en claves para el país: la recuperación y sostenibilidad de un medio ambiente sano, la seguridad alimentaria, la generación de empleo, una salud asegurada para todos, el desarrollo científico-técnico (I+D+i), la vivienda, el respeto a los Derechos Humanos, la reconstrucción de las ciudadanías, la recuperación del campo, el fortalecimiento industrial y la potenciación de la capacidad exportadora, entre otros.

Es decir, no podemos permitirnos que el siglo y el milenio sigan avanzando sin abordar ni resolver una serie de asuntos urgentes y fundamentales de orden social, político y económico, que nos permitirían así ingresar con dignad y respeto en el club de los elegidos por la OCDE. Colombia debería, para este siglo, estar pensando en otros temas. Por ejemplo, en el desarrollo de biotecnologías, en el manejo eficiente de aguas y de recursos naturales, en el aumento de los niveles de la productividad agroindustrial y en la diversificación de las fuentes de empleo y de exportación. Sin embargo, aún estamos atrapados en problemas propios del siglo XIX, como han sido los de resolver nuestra guerras intestinas y las eternas desigualdades sociales que por tantos años han herido de muerte al país y le han generado un considerable rezago a pesar de su notorio crecimiento económico.

No se puede iniciar un siglo dejando tareas y compromisos históricos sin resolver. El país deberá asumir con seriedad los “dolores del siglo XX”, no superados aún, a fin de no tener que sufrir y lamentarse durante el milenio de enfermedades crónicas y mortales. 

aroveda@yahoo.es