Tecnología, globalización y comunicación
Por José Eliseo Baicue Peña
Basta un sencillo análisis para advertir que ha habido revoluciones en la comunicación, y que fue cada nuevo medio ha aportado un recurso que ha producido cambios importantes en la organización de la sociedad y en la transmisión de la cultura. Así mismo, la introducción de nuevas tecnologías ha modificado la lectura, el modo de vivir y de entender la realidad y la intervención sobre ella. Es la modificación cultural introducida por los medios de comunicación, lo que va a provocar las reacciones más dispares, desde los entusiasmos más fervorosos hasta las condenas más rigurosas.
En las sociedades contemporáneas se observa cada vez más la importancia de los medios masivos y en particular de la televisión. Pues es claro que ésta influye sobre la forma de actuar o de pensar de las personas, logra modificar la forma en que los hombres conocen y comprenden la realidad que los rodea.
La intensidad y calidad de la utilización de los medios oscilan enormemente, dependiendo en particular de la infraestructura medial del país y del status social, económico y cultural del usuario. En general se puede constatar que los medios se utilizan con tanta más intensidad cuanto más desarrollada está la estructura medial de la nación y mayor es el nivel cultural del usuario. Y en este sentido, por supuesto, el surgimiento de las TICs, los sistemas virtuales y el avasallador avance de la tecnología ha hecho cambiar los modos y contenidos del trabajo de los medios en este mundo global.
Así, la globalización se asocia a un conjunto de relaciones económicas, políticas y sociales que han modificado sustancialmente a la estructura mundial. Cambios que se notan más claramente en los medios masivos de comunicación, a partir de los avances tecnológicos y de las modificaciones políticas y económicas operadas en el nivel mundial. Las modas, la música, los adelantos científicos, y hasta la incorporación de elementos nuevos al lenguaje son primeramente recreados a través de los medios masivos.
Por ejemplo, la incidencia social y cultural de la difusión de los computadores al modificar sustancialmente la materialidad de las formas de escritura y lectura. Con el surgimiento del hipertexto pasamos, en palabras de Sarlo, “de la lectura plana a la lectura esférica”. Pues, mientras el libro pertenece a la era de la mecánica (los tipos móviles impresos con prensas, rodillos, planchas sobre papel), el hipertexto surge en la era de la electrónica y de la virtualidad en la que los tipos ya no son materiales, no pueden ser vistos hasta que no son convocados a la pantalla, y su organización no es secuencial ni fija, no tienen comienzo absoluto ni final absoluto.
Pensar los procesos y los medios de comunicación en América Latina se ha vuelto una tarea de envergadura ya que lo que ahí está en juego son ondas transformaciones en la vida cotidiana de las mayorías, y especialmente de los jóvenes, que se están apropiando de la modernidad sin dejar su cultura oral.
Los jóvenes de hoy, pertenecen a una cultura electrónica, virtual, pero sobre todo, a la llamada cultura audiovisual. Una cultura donde predominan las imágenes, los íconos, y donde la teoría del color se desarrolla en todo su esplendor; es el escenario donde ellos se desenvuelven con mucha destreza y satisfacción. Las nuevas generaciones saben leer, pero su lectura está atravesada por la pluralidad de textos y escrituras que hoy circulan, de ahí que la complicidad entre visualidad no remita al analfabetismo sino a la persistencia de estratos profundos de la memoria y la mentalidad colectiva sacados a la superficie por las bruscas alteraciones del tejido tradicional.
No obstante, la fascinación tecnológica a la que asistimos no puede hacernos olvidar el lugar central que mantienen, en medio de los nuevos contextos tecno-perceptivos, las competencias culturales provenientes de la cultura letrada. Es por ello, que el acceso masivo a los nuevos lenguajes y tecnologías demanda la renovación de la escuela y de sus capacidades de redistribución e integración social.
Es decir, esta revolución globalizadora en lo comunicacional se deja ver como una tendencia inevitable hacia el establecimiento de una cultura global.
