sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-12-21 09:18

Surrealismo en tono mayor

Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 21 de 2016

Dicen que el tiempo es oro, pero el papa Francisco (con el  respeto que merece) y los dos antiguos siameses, Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, parecen nadar en el precioso metal, ya que se permiten echarlo por la borda de manera tan patética.

Precedido de las conocidas ufanías, Uribe "por respeto al Santo Padre", como aclaró lleno de fervor católico, apostólico y paisa, se embarcó rumbo al Vaticano para confirmar un dúo donde el abrazo del oso con su antiguo cuate, se haría realidad bajo el báculo pontificio.

Pero de nada valieron  galas talares  ni vientos palaciegos. Juntos pero no revueltos, Santos y Uribe confirmaron que la sensatez no es  propiamente la característica que identifica a nuestros dirigentes. Ahí los vimos uno al lado del otro, dos egos a reventar,  mirándose de reojo,  listos a atrapar la mosca ajena, prestos a fulminarse en sagrado silencio.

¡Qué de sainetes ridículos te ves forzada a presenciar, pobre Colombia calada hasta los huesos por dolores profundos! ¡Qué de maromas y payasadas de circo barato!!

Lo que sucede es que Su Santidad no vive aquí,  no posee una bola de cristal ni mucho menos los polvos de la madre Celestina, -artilugios propios de arúspices y sibilas- que tal vez le aclararían porqué es más sencillo cruzar a nado el río Amazonas que lograr la reconciliación de los susodichos. No puedo asegurar con conocimiento de causa cuántos relinchos entre pecho y espalda cruzaron de una a otra orilla en el  publicitado y abortado diálogo inter presidencial. Pero el simple sentido común, forjado a martillazo limpio por los amos de esta fragua, me repite a diario que  para Uribe no existe vejamen más imperdonable que suplantarlo como protagonista de todo suceso ocurrido "bajo el sol de la patria".  

¡Y pensar que mientras las mujeres y los niños colombianos se mueren de hambre y sed en estas soledades, estos dos señores se fugan a cantar "¡O sole mio!" en las  itálicas colinas sin un ápice de vergüenza o de remordimiento!