Sumergidos en misericordia divina (II)
Impulsado por su grande, y bien fundamentada devoción a la Misericordia Divina, establece Juan Pablo II para el domingo inmediatamente después de Pascua, gran festividad en su honor.
Muere el Papa la víspera de la fiesta de esta su especial devoción (02-04-05) y es exaltado como santo ese propio día (2014).
Inspirado en esa voluntad de Juan Pablo II es bajo Benedicto XVI, cuando se organiza un primer Congreso con reflexión en el gran bien de la Misericordia Divina, celebrado en Roma, en la Basicila de Letrán ( 02 al 06-04-08), y uno Segundo en Cracovia, el el año 2011. Colombia fue escogida como sede de Tercer Congreso mundial en su honor celebrado recientemente (15 a 28-08), presidido por los Cardenales de Santiago de Chile, Francisco Errázuri, Delegado Pontifico, y el de Viena, Cristhofer Sihorboran, Presidente de la organización que promueve, con gran fe y amor esta salvifica devoción. Buen número de Cardenales y Obispos participaron en este gran Congreso, con conferencias y celebraciones en diversos sitios de la Ciudad Capital, bajo programa que coordinó el apreciado Obispo de Ismina, Mons. Julio Hernando García, con eficientes colaboradores del Secretariado del Episcopado y los directivos de las Obras Pontificias Misionales en Colombia.
En medio de las grandes dificultades por las que atraviesa nuestro País, cuando en diversos estilos se busca verdadera paz, con exigencia de arrepentimiento de crímenes cometidos, y de generoso perdón y misericordia, pero sin impunidad frente atrocidades de que han sido víctimas tantos inocentes, qué bien este baño de bondades divinas imploradas ante Jesús de la Divina Misericordia. Es el anhelo que no sea solamente pomposa celebración, sino que el mismo Jesús, con la fuerza del divino Espíritu, con los efluvios de amor de su Corazón santísimo, con intercesión de la Virgen María Reina de Colombia, hagan que este creyente pueblo nuestro aproveche inmensamente. Que con esta ferviente vivencia, proyectada hacia una Nueva Evangelización promovida con especial entusiasmo en nuestros días, con asistencia de lo Alto y no de espaldas a ella, lleguemos a esa anhelada paz que unidos hemos de construir, así “sumergidos en la misericordia divina”.
