Suicidio y formas de ser
Por Amadeo González Triviño
Se ha pregonado el incremento del suicidio en nuestro medio, especialmente en el centro del Departamento. Se escuchan de nuevo las alarmas y se habla de campañas de prevención, de orientación y de reordenamiento de las formas del ser y de la costumbre de los habitantes, pero nos olvidamos de lo esencial, del individuo con sus conflictos, con la manifestación de estos frente al medio social, del entorno, y de las posibilidades de realización de sueños y esperanzas.
La sociedad en determinado momento nos relega a cumplir postulados, mandatos, a vivir con la careta, a posar de falsos como esfinges de un carnaval, de una forma tal que se desconoce la esencia de la existencia sobre la base de la solidaridad, del acompañamiento, de la tolerancia y especialmente de la forma de generar ideas y retroalimentarlas dentro del contexto del ser mismo, a partir de la función del maestro, como guía, orientador o potencialmente ideador de conceptos, antes que en establecer por el maestro en el educando, un modelo rígido de comportamiento.
El suicidio debe ser analizado dentro del fenómeno propio de la sociedad y de las alternativas que en ella encuentran los individuos en el reconocimiento de sus derechos.
La posibilidad de la comunicación entre los individuos, no puede estar regida por moldes o modelos de comportamiento que cercenen la capacidad de pensar y de idear en el otro.
Los medios de comunicación hoy en día, se han constituido en pregoneros de augurios falsos, de prototipos de personalidades que chocan con lo establecido y que van distorsionando todas las formas de cultura, por cuanto la sociedad de consumo nos ha metido en un cuento, del amarillismo, del populismo y de las falsas creencias en el poder del dinero o en la forma como el capital, es capaz de subyugar la voluntad del otro, y los esquemas y las formas de negocios ilegales, que la corrupción ha patrocinado, en el narcotráfico, entre otros, son potencializadores del comportamiento social de lo que la juventud y muchos quisieran tener o llegar a tener.
Entonces, cuando los conceptos morales, éticos y sociales se distorsionan, se trastocan por moneditas de oro, o por buscar la forma de agradar al otro, es cuando surgen esos fenómenos que llevan al individuo a buscar un escape o sentar una reacción de rechazo o de repudio a esa tabla rasa de los individuos que han aprendido a vivir por vivir o que como seres vegetativos dejan hacer o dejan pasar, ante sus propios ojos, ante su propia razón de ser, y surge el enfrentamiento, el rompimiento con lo que algunos consideran debe ser, frente al ser mismo.
Tenemos nuestra propia visión de esta problemática, en la medida en la que ella, hace parte de una forma de reacción de los individuos, en sociedad, pero también consideramos que la plenitud de la realización del ser, no está regida por fundamentos que vayan más allá de su propia realidad, o que tengan un sustento del castigo divino, sino que por el contrario, deben ser o hacer parte de un todo, en el que el lenguaje como forma de articulación del pensamiento llegue realmente con los contenidos propios valorativos del ser capaces de generar ese sendero, ese camino que propicie un acercamiento o una reflexión con el otro.
No nos neguemos en aceptar que los medios de comunicación y que otros elementos oscurantistas del pensamiento social, con falsos parangones de idealidad terrena o celestial, se han encargado en determinado momento, de generar confusión de lo que es la tolerancia o el respeto, en la elaboración de guías de comportamiento del ser, que chocan con el ser mismo. Libertad de pensamiento y de acción, son nuestra primera propuesta.
