Somos corresponsables de la economía
Álvaro Hernando Cardona González
Hace unas semanas, en otro medio impreso nacional, el presidente de la compañía GM Colmotores, escribió una columna para referirse no solo al impacto negativo que pueden tener las redes sociales sino a la tergiversación de los hechos nacionales por personas que se dejan guiar más por sus sentimientos que por el conocimiento de las cifras.
En el artículo en comento, el ejecutivo se asombraba de la cantidad de comentarios, chistes y anécdotas que se publican en Facebook, Twitter, Instagram y WhatsApp. Estaba ocasionalmente de vacaciones y claro podía “malgastar” su tiempo leyendo lo que otros escribían por las redes sociales. Se asombró el alto nivel de especulación de dichos mensajes, y sobre todo por lo que él denominó la falta de objetividad de la gran mayoría de aquellos que se referían al desempeño de la economía del país.
La economía colombiana no pasa por su mejor momento impactada por la dramática disminución del precio del petróleo, la devaluación acelerada del dólar y el aumento de las importaciones. Pero las cifras son tozudas: más allá del evidente cambio de la situación económica que tuvimos hasta principios del 2015, las cifras de desempeño de nuestra economía son de crecimiento positivo, con niveles acumulados esperados para el año 2016 de cerca de 3% (pongámosle del 2,8%). Y es que si se comparan las cifras con la de muchos de los países del mundo y sobre todo con las de los vecinos, la economía colombiana se encuentra en un lugar privilegiado. Por ejemplo: para el 2016 se estima un decrecimiento de 3% en Brasil, Ecuador no crecerá y Venezuela caerá otro 5,5%. Otro ejemplo: mientras nuestra industria automotriz cayó 13%, en Ecuador cayó 30%, en Chile 15%, en Argentina la caída fue del 35% y Brasil enfrentó una pérdida de ventas de cerca de 2 millones de automotores.
La responsabilidad porque la economía marche bien es compartida. El cumplimiento de la normatividad o el rechazo de lo ilegal que algunos disfrazan como informal y que se refleja por ejemplo en la invasión del espacio público junto a otros males como la indisciplina social, la falta de emprendimiento, el conformismo en el empleo, las deficiencias en la educación y formación de nuestros hijos, la cultura del no pago y del incumplimiento, dependen sólo de nosotros.
Claro que el Estado ayuda al pesimismo y la desinformación cuando dice algo para luego hacer otra cosa, cuando subestima el papel de la Justicia en la sociedad y cuando no pone atención sino a una sola política pública. Pero el Estado es chico frente a la voluntad de los millones de colombianos que no son funcionarios públicos. El optimismo es un aporte importante a nuestra propia motivación.
