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Opinión/ Creado el: 2016-12-17 02:10

Sociedades más tecnificadas pero menos humanas

Por José Eliseo Baicué Peña

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 17 de 2016

Hace unos años, se informó que Colombia es uno de los países con más desigualdad en el mundo y el más desigual en Latinoamérica, demostrando que no es suficiente generar crecimiento económico si éste no se distribuye adecuadamente en la población. 

Con ello, se deduce que es necesario implementar un mecanismo que permita que los recursos se transfieran de quienes los tienen a quienes realmente los necesitan.  De la misma manera, se requiere que los gobiernos, el Estado, los gremios, la academia y las ONGs, se comprometan con las mayorías para que el desarrollo, la justicia y la paz lleguen a todos, y se puedan lograr sociedades más libres, más satisfechas, mas humanas. 

Al mismo tiempo, se necesita una recomposición de los valores, pero no sólo de la comunidad, que es hacia donde siempre se apunta, sino también hacia quienes tienen el poder y la riqueza.  Pues se habla abiertamente de unos valores éticos que no se llevan a la vida diaria. Es decir, unos valores éticos que existen sólo en la teoría y sirven para el discurso amañado.

Sabemos que es más importante ser que tener, pero la mayoría de la gente pasa su vida luchando por tener algo para poder subsistir, pues ni siquiera para vivir dignamente.  Y estas mayorías que pueden ser parte de una sociedad altamente productiva, no pueden serlo porque emplean su tiempo buscando el sustento diario y, como consecuencia, la oportunidad de participar en los procesos creativos es mínima o nula. 

Por eso es conveniente que las mayorías tengan oportunidades y acceso a la adquisición y generación de conocimiento, a los avances de la ciencia y de la tecnología, pues es urgente generar desarrollo desde abajo y desde adentro, para erradicar la pobreza, lograr calidad de vida, crear riqueza y distribuirla equitativamente y alcanzar buenos niveles de inclusión social. 

Y a propósito de tecnología, es indudable que los avances en esta materia se producen a velocidades sorprendentes.  ¿O acaso no sorprende que gracias a la maravilla del internet es posible hablar, visualizar y mantener una conversación con alguien que se encuentra a miles de kilómetros?  Claro que sorprende y hasta parece increíble.  Y cuando analizamos detalladamente esa acción descubrimos que además de la distancia hemos vencido también al tiempo.  Pues es posible que aquí sea sábado, como hoy, y allá esté cayendo la tarde del domingo.

Entonces, nos surge una pregunta más.  ¿Deberían estas bellezas de la tecnología propiciar la construcción de sociedades más humanas?   Diríamos que la respuesta debe ser positiva.  Pero, … desafortunadamente no lo es.  Desafortunadamente, este tipo de adelantos y desarrollos está generando distanciamiento y formación de personas más insensibles, más egocéntricas y, por ende, menos humanas.  

Es preciso tomar medidas que conduzcan a plasmar grandes ideas, por un lado; y a ser prácticos, por el otro.  Lo primero para pensar en propuestas claras y viables, y lo segundo, para actuar de manera puntual y eficiente en la raíz de los problemas.  No se puede seguir pensando y permitiendo que los pueblos vivan a la merced de su destino. Se requiere el apoyo de toda una sociedad, y de la voluntad de mentes abiertas a la generación de más solidaridad y menos indiferencia. 

Siempre se ha hablado de que se necesitan políticas para desarrollar acciones frente a determinados temas o problemáticas.  Pero hoy por hoy, más que políticas y leyes, se requieren acciones lógicas, decisiones claras que redunden en beneficios colectivos.  Se requieren oportunidades de ingreso, no empleos transitorios; se necesitan ideas, no demagogia.  Se necesita conocimiento nuevo, no teorías planas.

Necesitamos luchar duro y crear nuevas formas de trabajo colaborativo, para que no llegar a vivir lo que sentenció una vez Einstein:  Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de idiotas.