Sociedad en crisis moral
Germán Alfonso López Daza
Las noticias que han generado más impacto en los últimos días están necesariamente relacionadas con la corrupción y la ineficacia que ha demostrado el Estado y la sociedad colombiana, para hacerle frente a este cáncer que ya hizo metástasis.
El bochornoso episodio de Odebrecht -que ha sacudido las altas esferas del poder- no es más que el producto de lo que se ha venido incubando en Colombia durante décadas: la supremacía del dios dinero y la ausencia de valores en una sociedad donde todo vale con tal de conseguir lujos, comodidades y status social.
No hay gobierno que no haya erigido el estandarte de la pulcritud en sus actuaciones, así como la honestidad y la transparencia en la contratación pública y la decidida lucha contra la corrupción. Todo esto no son más que frases de cajón y placebos tranquilizantes que no han surtido efecto, pero que siempre generan apaciguamiento en un público que observa cómo gobierno tras gobierno, surgen delincuentes de cuello blanco que desprestigian la función pública.
En los más sonados casos de corrupción del país (Nule y Samuel Moreno, Reficar, Agroingreso, Invercolsa, Pretelt, Odebrecht, etc.), los protagonistas han sido prestigiosos miembros de la alta sociedad colombiana, todos educados en distinguidas universidades de la élite (Andes, Javeriana, Rosario) y en el exterior. Incluso algunos fueron condecorados por la clase política que ahora los condena.
El corrupto se esconde en el ropaje de la dignidad y la honestidad con tal de lograr su objetivo. La ausencia de principios y valores que no fueron lo suficientemente fortalecidos en su formación, distorsionan el sentido de su vida que redunda en comportamientos inescrupulosos y ausentes de temores a la norma.
Los sucesivos gobiernos han vendido la idea que, si existen leyes anticorrupción, altas penas de prisión y muchos órganos de control, la corrupción tenderá a desaparecer. Nada más falso e iluso.
La lucha contra este mal no se hace con leyes ni con burocracia sino con educación y formación en valores impartidos desde el hogar. Este cambio tomará algunas generaciones, pero si no iniciamos desde ya, estas tampoco lo vivirán. (Dir. Grupo Nuevas Visiones del Derecho – USCO).
