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Opinión/ Creado el: 2015-05-18 06:51

Sobre los desaparecidos en Colombia

Por Dilberto Trujillo Dussán

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 18 de 2015

Uno no puede coger cifras y manejarlas a su antojo y dejar la sensación que son ciertas, solo unas cifras para tener en cuenta: desde 1942 ha habido más de 61.000 casos de desaparecidos de los cuales cerca de 19.000 fueron desaparición forzada.

El debate que realizó el representante Prada sobre los desaparecidos en Colombia, además de ser totalmente imparcial, no se ajusta a lo que el país necesita: la paz; uno no puede seguir promoviendo una guerra que no la hace, uno no puede seguir regando un odio que en muchas ocasiones no lo sienten ni siquiera las víctimas, uno no puede seguir intentando conseguir votos alimentando una guerra que ya es hora de parar.

Representante Prada: la noche del 19 de febrero de 1988, fue desaparecido por la policía un joven estudiante de la USCO de 21 años, Tarcisio Medina Charry, su delito fue pensar diferente, quisiera saber si usted durante su debate preguntó por él. Para los instigadores de la guerra y el odio quizá su desaparición sea justificada porque él era un “subversivo” peligroso para las “familias de bien”.

El dolor de una madre de un desaparecido es igual así lo haya desaparecido la guerrilla, el Ejército o quien haya sido; la guerra que vive el país puso a pensar a la gente que algunas muertes eran necesarios y otras no, que por algunos desaparecidos era necesario luchar y a los otros dejarlos en el olvido en fin puso a la sociedad a categorizar a las víctimas entre buenas y malas, necesarias y no.

Si se quiere hacer un debate serio, es necesario preguntar por todos los desaparecidos sin importar quien haya sido el culpable; mal favor le hacemos a nuestro país al categorizar a las víctimas de desaparición, el dolor de una familia es igual y una víctima es una víctima sin importar quien haya sido el victimario.

No podemos negar de una manera tendenciosa, que la desaparición ha sido un arma de guerra utilizada por los diferentes actores armados del conflicto, un instrumento para causar terror y miedo, para desaparecer al enemigo, para acallar la oposición, es un hecho donde las familias no saben qué pasó con sus seres queridos, es un acto “sin muerto y sin duelo” y donde la esperanza es lo último que se pierde.

En el marco del proceso de paz, es necesario abordar el tema de la desaparición y exigir que se sepa la verdad, quienes los desaparecieron, que hicieron con ellos, donde están sus restos, solo así podemos cerrar una herida dolorosa no solo para los familiares de las víctimas sino para la sociedad colombiana.

Por eso les digo a los que quieren la guerra: están en todo su derecho de hacerla, pero no sigan enviando a jóvenes pobres al Ejército, guerrilla, Bacrim o cualquier otro grupo... envíen a sus hijos o vayan ustedes mismos y derroten a las FARC.