Sobre el lomo de los blancos elefantes
Lucas Mateo Vargas Vargas
Cuenta la leyenda que entre más elefantes blancos se posea, más poder se ostenta. Pero también se cuenta, que los elefantes blancos eran regalados por parte de los antiguos reyes de Tailandia a sus súbditos menos queridos, ya que el costo de manutención de dicho animal hacía quebrar las arcas del súbdito.
De un tiempo para acá a las administraciones municipales y en ocasiones en contubernio con las departamentales, se les ha dado por ostentar poder, cual reyes orientales, al poseer bastantes elefantes blancos. Hubo una administración, a mediado de los años 90´s, que nos dejó por muchos tiempo dos lotes baldíos después de demolerse el popular Pasaje Camacho y la antigua Galería Central y además, una Galería bastante lejos (Mercaneiva) y el Centro Comercial Los Comuneros, dos elefantes blancos muy costosos de mantener. Otra administración, a inicios del siglo XXI, nos dejó como elefante blanco una Plaza Central llamada Los Libertadores con una fuente de agua que poco sirvió y adicional a ello, creó una Ciudad Villamil que sin planeación ni rutas definidas aquellos monumentos en abstracto no cobran la importancia que debieran. Luego vino una administración casi que divina, caía del Cielo, la cual inauguró un teleférico que nunca más funcionó; construyó un intercambiador vial que da lo mismo ir por encima que por debajo, porque eso de intercambiar vía como que no se hace en El Tizón; además hizo una alberca gigante la cual no cumple la función que debiera… es mejor reservarnos adjetivos frente al reservorio.
Luego vino lo absurdo de lo absurdo: una alcaldía que a través de contrato leasing adquirió maquinaria para el municipio con un costo que daba para pagar varias veces la misma; contempló como su piedra angular la idea de la Circunvalación del Oriente, pero sólo la idea, sustentada con el pago de unos estudios. Y para completar, adquirió una barca llamada La Magdalena, la cual a la fecha no tiene uso, pero sí un gasto mensual en vigilancia para cuidar ese bien de la administración.
Pero no siendo suficiente para Neiva, su ciudadanía, queriendo aún cosas peores, eligió una nueva administración que deja como elefantes blancos: un parque de la música que en sus dos fases tiene un costo de 24.500 millones de pesos, además de la tala de árboles; una obra a medias por valor de 4.415 millones de pesos en la avenida Inés García de Durán. Y eso que nos salvamos de la virgen de 40 metros por valor de 6 mil millones de pesos, lo cual hubiera sido el elefante blanco más alto del mundo. Neiva Unida, queriendo completar su propia manada de elefantes, proyectó la remodelación del estadio de fútbol y llama especial atención ya que es una de las “122 obras del país que se pagaron con recursos de regalías y que se encuentran enredadas” (según lo dice el diario El Tiempo de fecha 30 de julio del presente año). Ésta se contrató por 21.200 millones de pesos, que al parecer no fueron suficientes y se les adicionó otros 7.684 milloncitos de pesos, adición a la que luego se le sumó otra pequeña adición de 4.361 milloncitos y hasta la fecha, después de adiciones presupuestales y ampliación de plazos la obra no se ha terminado. Lo peor de esta situación es que el pasado 19 de agosto, después de tanto tiempo y tanto presupuesto gasto, parte de la obra colapsó y sepulto el sueño de 4 familias e hirió el sueño de otras 10.
Ante esta situación todo el mundo está queriendo lavarse las manos: Planeación Nacional dijo que ya había advertido las irregularidades, pero antes del desastre del estadio se comprometió con pintar lo blanco de ese elefante, por ello le cabe responsabilidad por no actuar a tiempo; la pasada administración dice que no se podía tener un estadio BMW con presupuesto de Renault 4, hola, pero qué Renault 4 tan caro: le cabe responsabilidad por lo mal planeado y contratado de la obra; y la actual administración, lamentando lo sucedido, quiere darle continuidad a dicha obra sin las debidas precauciones ante las irregularidades heredadas de su antecesor. Le cabe responsabilidad por no denunciar las fallas contractuales y por querer hacer de tripas corazones. Y a los concejales de la ciudad, tanto a los del periodo pasado como a los de este nuevo periodo, salvo algunas excepciones, les cabe responsabilidad por no ejercer el debido control político.
Sobre el lomo de sus blancos elefantes Osorio Botello llegó al Congreso de la República y González Villa llegó a ser gobernadora. Suárez Trujillo está queriendo repetir esa hazaña para llegar a ser gobernador. Habrá que esperar qué tanto tiempo dura la indignación del pueblo huilense ante el cinismo electorero.
