Silencio
Por Ernesto Cabrera Tejada
Gustavo Arturo Mendieta Márquez, destacado estudiante de derecho y amigo de universidad por aquello de la rectoría. “La Rectoría” entonces era el café- bar frente a la universidad y allí todos los viernes en tertulias comunicadores y abogados sin faltar un viernes discutíamos el país, menos político, menos violento, menos corrupto, menos tecnológico y científico, menos pobre eso sí y menos educado pero igual de futbolero. Él sabía de leyes y yo de goles, más trivial pero menos peligroso.
Iniciando el 2000 Mendieta Márquez alcanzó la gloria, era nombrado por sus condiciones de agudeza, conocimiento e inteligencia, magistrado auxiliar de la Corte Suprema. Fenomenal! Algo realmente importante a sus 35 años estaba en la élite. Un año más tarde en medio de la desilusión y la felicidad de reconocerse ciudadano y hombre de intactos valores, regreso a su natal ciudad a seguir con el doctorado en historia que lo hizo catedrático, investigador director, vicerrector y hasta encargado rector de una de las más importantes universidades del país.
A su regreso impredecible, comentó sobre los culpables del hundimiento del aparto judicial en el país, le apostaron a la politiquería, se hicieron con los corruptos y se enrolaron cargándose toda una mafia que explotará con el tiempo, no sólo se atentará contra las instituciones, también se hará contra los ciudadanos, contra aquellos contradictores que estorben, que no vendan su alma y su tierra al diablo, porque ellos son el diablo… dijo, y me dio sus nombres.
El tiempo ha dado la razón, también en esa época, se vislumbraban todos esos nombres que de alguna manera han atentado y ahora fueron llamados a salvar la institucionalidad pero que no renunciaran a sus cargos por que son sus logros. Legislaran a futuro y prescribirán sindicaciones que los hará inocentes.
La sociedad necesita respuestas a las violaciones de sus instituciones, se reclama justicia, no puede el presidente Santos vender la idea de por no dar un” salto al vacío”, hacerse el de “la vista gorda” y silenciarse.
Será que es mejor callar los pecados ajenos para que los propios no se conozcan me dijo ayer Mendieta Márquez.
