Sicarios Morales
Aníbal Charry González
Los artículos 11, 12, 15 y 21 de la Constitución, que garantizan la protección por parte del Estado de la vida, integridad, honra y buen nombre de los asociados, no son más que enunciados para la galería, por cuanto las normas penales que los desarrollan, que se supone son para defender a las víctimas de los victimarios, son aplicadas por el sistema judicial a la inversa, de tal manera que la tardanza en las investigaciones penales y la lenidad con que actúa la justicia, especialmente con los criminales más feroces, hace posible que las víctimas nos encontremos inermes ante sus victimarios, que no son más que los sicarios de todo pelaje que atacando vida y honras, asuelan nuestro país.
Basta con mencionar solo unos botones de la camisa de la criminalidad nacional: El asesinato de la periodista Flor Alba Núñez en Pitalito a manos del sicario alias “Camilo”, fue posible gracias a esa inoperancia del sistema judicial, como que su asesino se encontraba en libertad no obstante haber atentado contra otra persona, que como no fue asesinada, permitió que la justicia considerara que no había pasado nada y lo dejara suelto para que asesinara a la comunicadora. Lo mismo sucedió con alias “El Desalmado” en Florencia, Caquetá, el sicario que se encontraba en libertad a pesar de haber sido condenado por asesinato y masacró a toda una familia de menores.
Y en lo que respecta a la honra, debo referirme al caso del que he sido víctima por parte del sicario moral Diógenes Sánchez Preciado, que me ha sometido a tortura sicológica amenazándome y difamándome constantemente por redes sociales y medios, a modo de venganza por haber sido sancionado disciplinariamente por falsificar certificados de notas cuando fui decano de Derecho, en medio de la impunidad que ha propiciado el fiscal catorce local, que después de tener la investigación desde hace más de 26 meses con las pruebas plenas de más de 30 ataques a mi integridad moral, y de haber citado 3 veces a conciliación a las cuales no ha asistido mi vengativo torturador, no ha encontrado mérito para hacerle imputación y adoptar las medidas que permitan cesar los ataques criminales de que soy víctima, que han encontrado eco en otro sicario moral, William Gutiérrez, que le puso a su disposición en concierto criminal los micrófonos de la emisora comunitaria Alfa Estéreo para que siguiera torturándome moralmente por haber censurado su ataque infame a la honra del candidato Rodrigo Lara Sánchez, y que denuncio públicamente para que la Fiscalía, conforme a las facultades del art. 66 del CPP ejerza de oficio la acción penal.
Me encuentro inerme por la nula protección que el sistema de justicia me ha brindado para la defensa de mis derechos fundamentales a la honra y a no ser torturado moralmente por haber sido toda la vida un hombre decente. Y solo le pido a este sujeto proditorio y cobarde, ante la inercia de la justicia para protegerme, que consume físicamente su venganza para que cese el tormento moral a que impunemente me tiene sometido.
