Si el voto es obligatorio, la educación también
En varias columnas he reiterado la importancia de que los colombianos hagamos uso del voto en los procesos eleccionarios que se organizan para diferentes efectos.
Pues ejercer el voto se constituye en una acción libre y democrática.
Y es que una de las formas más evidentes de democracia se refleja en la acción de votar. Quizás porque es un mecanismo que busca tener en cuenta la opinión de todos. O al menos de todos los que hacen uso de la democracia. Claro, pensando la democracia desde la base de la participación de todos. Y para ello, no hay que quedarse en la continua repetición de que “la democracia es el gobierno del pueblo.”
Analizar la participación electoral, por ejemplo, es cada vez más importante ya que votar representa el derecho elemental de cada ciudadano a participar en política y, al mismo tiempo, abriga los dos principios básicos de la Democracia: universalidad e igualdad. Es decir, que si se saca algo a votación y se vota, existe un derecho a quejarse, si no, pues no.
No obstante, obligar al ciudadano a votar me parece, de entrada, un hecho infame, dictatorial, perverso. Pues este es un derecho que debe llevarse a cabo de acuerdo con la voluntad del ciudadano. Es decir, él decide si lo hace o no. No debe obligarse a que lo haga. Y tampoco cabe aquí el argumento de que puede votar en blanco, como lo plantea Vivian Morales, ya que la discusión no es por quién votar, sino el hecho mismo de hacerlo sin importar por quién.
La Constitución Política de 1991 en su artículo 40 señala que “Todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político.”, y eso está bien. Pero de ahí a que el gobierno o el Estado obliguen a que debe hacerlo, hay un trecho político, jurídico y democrático bien grande.
Resulta sorprendente la decisión que se tomó la Comisión Primera del Senado el jueves de esta semana, en donde se aprobaron más artículos de la gran reforma a la que le apuesta el presidente Juan Manuel Santos en el inicio de su segundo gobierno. El artículo señala que el voto obligatorio se adoptará por tres periodos electorales, pero además se dispone que por medio de una ley, se determinarán estímulos para ir a sufragar, pero también las sanciones por no hacerlo.
A mí me parece que un voto razonado sería el que pudiera darse, antes que nada, desenganchado del emotivismo imperante de los tiempos proselitistas. Pero sobre todo, el voto consciente, analizado, conocido y, por supuesto, estudiado. Esto sería lo ideal. Pero en Colombia, en la actualidad esto es un imposible. No olvidemos que un buen porcentaje de los votantes tiene un bajo nivel de escolaridad y otro tanto, de analfabetismo). Si se aprueba ese proyecto en el Congreso, tal vez por los altos niveles de abstencionismo (más del 50% del electorado), tal vez porque Brasil, El Salvador, Honduras, y otros países vecinos lo han implementado, tal vez porque se necesita para el referéndum de los acuerdos de paz, o por la razón que sea, también debería aprobarse que la educación en Colombia sea ogligatoria.
Y en ese sentido, velar porque se cumpla, proveer todos los mecanismos, medios y estructura para que todo ciudadano tenga acceso a la educación de manea obligatoria. Pues creo que la educación hace bien al momento de generar un voto bien pensado, ya que una población más educada, está más preparada para votar, para elegir.
