Ser religioso o ser cristiano
Froilán Casas
Los términos no se contradicen. Sin embargo hay una diferencia enorme entre uno y otro. Todo cristiano es religioso, pero no todo religioso es cristiano. La religiosidad es una expresión que la estudia la antropología cultural. Cada pueblo en las diferentes etapas de la historia, ha tenido sendas manifestaciones de comunicación con la divinidad o divinidades. Los ritos y ceremonias exteriores expresan de alguna manera el salir del hombre de sí y buscar el sentido de la vida más allá de su propio espacio y tiempo. La religiosidad, de alguna forma es expresión de la trascendencia del hombre. La religiosidad sacraliza las cosas, las instituciones, las investiduras políticas, sociales, académicas o económicas. Las autoridades en estas culturas religiosas buscan sacralizarse para parangonarse con los dioses y obtener así culto de sus súbditos. Bajo esa coraza sagrada, se han cometido, a lo largo de la historia, un cúmulo de crímenes y vejámenes a la dignidad de la persona humana. La religiosidad no compromete al hombre con la historia. Su conducta puede estar manchada de ambiciones, codicia, avaricia y explotación de los demás, aprovechando la investidura de poder. Como quien dice, en lenguaje criollo: el que peca y reza, empata. La Biblia es recurrente en condenar un culto que no se traduzca en una conducta moral. “Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí”. En el Antiguo Testamento los profetas se enfrentan con los sacerdotes, pues estos se dedicaban al culto sin incidencia social, bendiciendo estructuras injustas y callando los terribles pecados de explotación al indefenso. Dios siempre opta por el indefenso. Los prototipos del indefenso son: la viuda, el huérfano y el extranjero. Dios censura todo atentado contra la dignidad de la persona humana. Dios no acepta los sacrificios y alabanzas que no sean consecuencia de un corazón puro. Un corazón justo que respete el derecho de los demás. Dios rechaza las palmas y los aleluyas que no sean expresión de una conducta intachable. El culto sin una conducta justa, no lo acepta Yahvé-Dios.
¿Quién es el hombre creyente? Es el hombre cristiano. Cristiano no es el que acepta un código de normas, es quien vive ese código. No es una tarea de la mente solamente; es una tarea de la conciencia que muestra una conducta moral intachable, sobre todo en sus relaciones con los próximos. El cristiano no sacraliza las cosas, las instituciones, los partidos, las ideologías, etc. Sacraliza al hombre. Todo ser humano es imagen y semejanza de Dios. Las montañas y los ríos no son sagrados; es sagrado el hombre. El cristiano no acepta una doctrina, acepta y vive a una persona histórica y real: JESÚS EL HIJO DE DIOS HECHO HOMBRE. Su único paradigma de conducta es Jesús. Las cosas son importantes en la medida en que sirvan al hombre. Las expresiones religiosas del cristiano son una muestra de su vida interior. Si ellas no son esto, son superstición y magia. El juicio de Dios al final de su vida no estriba sobre sus creencias, sino sobre su conducta frente a los demás. El cristiano es un hombre para los demás.
+ Froilán, obispo de Neiva.
