Ser “comelibros” paga
Froilán Casas
Amigo lector, permítame hacer un breve comentario antes de desarrollar el título de la columna. Se trata de agradecer los finos elogios que me ha dispensado mi vecina de columna en este prestigioso diario, EL DIARIO DEL HUILA, el pasado miércoles 25 de noviembre. Tanta bondad y generosidad de la doctora Margarita Suárez, me obligan a no ser inferior al hermoso cariño de la gente.
La ciencia tiene raíces amargas, pero sus frutos son dulces. Las pruebas SABER 11 han mostrado la calidad de educación que se imparte en las instituciones de educación media. El colegio Quinta del Puente en la ciudad de Floridablanca en Santander se ha mantenido como el mejor en la década del 2005 al 2015. El colegio LA FRAGUA de Neiva se ha mantenido en el mismo tiempo en el puesto número treinta. No basta subir al podio, es más meritorio, mantenerse. Para mantenerse, todos deben estar comprometidos con la institución. Cuando los padres de familia están involucrados en los procesos formativos, los resultados positivos se ven. Un colegio es todo un equipo de formación, si es verdad que la cabeza marca, el equipo es el secreto del éxito. El verbo exigir en educación, resulta en algunos ambientes signo de atraso y de irrespeto a la libre desarrollo de la personalidad. Con tantas reivindicaciones hemos llegado a la anarquía en todos los niveles. Un colegio que exija disciplina es blanco de tutelas y denuncias de padres de familia y uno que otro maestro mediocre. Considero a los rectores y coordinadores, sobre todo del sector oficial, en donde tienen un manual de derechos y un opúsculo de deberes. Desde la promoción automática ha venido en bajada la exigencia de la calidad. Es cuestionante, por decir lo manos, que en los diez mejores colegios ubicados en el departamento del Huila, no quedó clasificado ningún colegio oficial. Entonces, ¿en qué quedan nuestros impuestos? Los padres de familia de los chicos de los colegios privados, pagan el servicio de la educación de sus hijos y además, pagan impuestos.
Exigir en educación y en cualquier campo, dentro de la cultura holgazana de hoy, es tarea titánica. Considero a los rectores y coordinadores académicos las tareas que les toca acometer. Cualquier exigencia va a acarrearles un buen número de tutelas. El código de comportamiento hoy, es el código de derechos. Los deberes no aparecen ni en el glosario. Una institución educativa que quiera exigir, encuentra en los padres de familia sus más crueles enemigos. Muchos estudiantes provenientes de hogares destruidos, son los más díscolos y difíciles para aceptar una disciplina y exigencia. Por eso los resultados. Las políticas públicas en educación apuntan a llenar de artefactos a los chicos: tabletas, computadores, etc. Claro, lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta. Mientras no haya formación integral y se quiten las creencias, como componente fundamental de la cultura, seguiremos caminando al fracaso. En un buen número de colegios privados, todavía, se puede exigir, porque están comprometidos los padres de familia. Allí se respira mística de trabajo en equipo. No basta ponerse la camiseta institucional, hay que sudarla. ¿Cuándo será que lleguemos a un colegio oficial y encontremos aulas impecables y hermosos jardines?
