Sepulcros blanqueados
Por Froilán Casas
Jesús nuestro Maestro empleó esa imagen, muy significativa, para indicar a las personas hipócritas que muestran una cara y son otras. El pecado de la mentira y del engaño, Jesús lo condenó de manera vehemente. Con ellos no se pueden hacer concesiones. En el fondo se trata de la gente que vive enseñando honestidad, respeto, fidelidad, justicia y en la vida práctica son otra cosa. ¡Cómo hay de mentiras en este mundo! Hay gente que tiene una agilidad y creatividad para defenderse de sus fechorías, que hasta resultan los iconos culturales de la nobleza, la rectitud y la honestidad.
La sociedad que también es hipócrita, les celebra sus marrullas condecorándolos cuando conviene, porque sigue el criterio pragmático: si no puedes con tu enemigo, únete a él. Es decir, vivimos en una cultura de mentirosos y lo grave, nos hemos acostumbrado a ello. Así que, el vivo vive del bobo y ahí vamos para adelante. Repitamos con el dramaturgo español de la edad de oro de la literatura castellana: “Este mundo triste al que está vestido viste y al desnudo lo desnudan”.
Excúsenme que diga lo siguiente: menos mal que existe infierno. Al pillo y al mentiroso, algún día le llega la cuenta de cobro y de quien menos lo espera. Usted y yo, ¡cómo nos hemos equivocado en la apreciación de las personas! Ese que parece que no rompe un plato, si se descuida, rompe hasta la olla. Por eso: de las aguas mansas líbrame Señor, que de las turbulentas me libro yo. Cuántas veces nos defraudan las personas: mi amigo, mi confidente, aquél con quien compartía mi pan es el primero en traicionarme. Tanta lisonja en la pleamar y cuánto desprecio en la bajamar. Cuando usted está en la cúspide de los éxitos, le sobran invitaciones y compromisos sociales, cuando esté en el piso, ni lo miran.
Los bufones son muy comunes en los ambientes palaciegos, de esos nuevos castillos que forman algunos hombres de poder. ¡Cuán pobre es el hombre! Tan grande y tan pequeño a la vez. ¡Pobre hombre en lo que pone su seguridad! Tan tonto y tan iluso a la par. Ponga su gozo en los verdaderos valores, cásese con ellos: la honestidad, la justicia, el respeto, la bondad y la sencillez. Por ellos sí que vale la pena vivir. Cuénteme una cosa: ¿qué le van a poner en su ataúd?
La historia se repite: cuántos hombres se presentan hoy como los prohombres de la justicia y de la honestidad, pero en el fondo son una osamenta de podredumbre, como les decía Jesús a los hipócritas fariseos que se hacían pasar como los referentes de la conducta moral. Cuando leo la vida privada de muchos de nuestros llamados próceres, de inmediato los desmitifico. Tal vez con el único que me quedo es con Don Antonio Nariño y Álvarez. Cuando leo la vida de muchos fundadores de religiones, con el único que me quedo es con Jesucristo.
Usted podrá engañar a todo el mundo pero usted no podrá engañar a Dios. El pillo le tiene miedo a Dios, es al único a quien no podrá chantajear.
*Froilán, obispo de Neiva.
