sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-03-02 08:51

Sentenciados a muerte.

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 02 de 2017

Es tan cruel el tráfico de drogas que incluso conlleva a que personas tomen riesgos tan radicales como caer en manos de la justicia de países en donde la condena es la pena de muerte. Por estos días somos testigos de la ejecución de un colombiano en China, y hay otros esperando fila para recibir la droga letal conque cumplirá su condena que conmueve y hace pensar en lo troglodita de una política tan radical, hace clamar por el perdón de personas que tampoco tienen hígados para envenenar a nuestros jóvenes; a ellos no les importa cuántos niños, cuántos adolescentes, cuántos jóvencitos son sentenciados a morir en las calles y los parques de nuestras ciudades a través de la lenta condena del vicio, y solo por ambición al dinero.

Nadie tiene derecho a la vida de otro, es un principio ético evidente, un principio moral básico, pero hay momentos en que los valores de la conciencia no bastan y la ley, como principio de convivencia, ve la necesidad de tomar medidas tan radicales desde algún lado de la tierra, desde algún lado de la civilización. La pena de muerte para algunos delitos está por el bien común, por el derecho humano cuando el delito impide el pleno goce. Medidas radicales frente a enfermedades agresividad son necesarias: el tráfico de drogas, por ejemplo, el abuso a menores, el robo de recursos públicos… lo extraño es que cuando se aplica una justicia drástica, acusamos al estado de injusto, de violador de los derechos fundamentales de las personas. Cuando los delitos nos tocan, reclamamos justicia; pero cuando estamos cerca del culpable, clamamos misericordia.

De tantas injusticias está llena la historia; rebasan nuestra capacidad de asombro: Los negros esclavos muertos en hacinamientos miserables, los prisioneros de Auschwitz metidos vivos a hornos crematorios, los indios asesinados y arrasados en américa, los muertos indefensos de las guerras, las víctimas de explosiones terroristas, los miserables refugiados que son sepultados por la furia del mar, los hambrientos fallecidos por la desnutrición son injusticias que avergüenzan; pero cuan crasa es la muerte lenta de quienes consumen drogas, de quienes son explotados sexualmente, de quienes mueren por falta de atención medica en las puertas de urgencias de los hospitales; los niños abusados por pedófilos de cualquier creencia, hombres y mujeres explotados por encontrarse en condiciones de indefensión como sucede con los indocumentados de todo el mundo. A esos, a los culpables, la ley natural cobra justicia. A esos, que por degenerar la condición humana buscan beneficios, la cadena perpetua o la pena de muerte son insuficientes.

Para ellos la carne de los inocentes clama justicia, los que sufren por su condición de víctimas, los que enfrentan el dedo de Dios que los aplasta, los que deambulan como fantasma por las calles de nuestras ciudades, claman justicia.

Nota: A mi hija, y sus compañeros del convenio Unicacua-CRIC, les han subido la matrícula de $ 800.000.oo a $1’200.000.oo. ¿Qué cuentas hacen los financieros de Unicacua para incrementar el 50%? El salario mínimo apenas subió el 8%, y el IPC, según el DANE, fue apenas del 5,75%.