Sentencia histórica
Por Aníbal Charry González
La Corte Constitucional revocando un fallo insólito de tutela proferido por el Consejo de Estado que había declarado improcedente el amparo deprecado de Alba Lucía Reyes y de su hijo Sergio Urrego, quien como se sabe se suicidó por haber sido discriminado por su condición sexual, pronunció una sentencia histórica que confirma la vulneración de los derechos fundamentales a la intimidad, el buen nombre, la igualdad y no discriminación, el libre desarrollo de la personalidad, el derecho a la educación y el derecho al debido proceso del malogrado joven por la infame discriminación a que había sido sometido por la rectora y profesores de su colegio.
No podía esperarse menos de nuestra progresista y liberal Corte Constitucional frente a este aberrante caso de violación grosera de derechos fundamentales, que no vio el Consejo de Estado no obstante la contundencia probatoria que resaltó la icónica sentencia que con justicia desagravia la memoria de un muchacho decente y buen estudiante, que solo había cometido el pecado según el inquisidor Ordóñez de ser homosexual y haber besado a su pareja, lo cual es digno de condenar a los profundos infiernos de acuerdo a su deshumanizada y ultramontana fe religiosa, como que en un concepto había defendido la autonomía de los colegios para discriminar por razones sexuales y para restringir estas “manifestaciones excesivas” de afecto que considera pecaminosas.
Y es que hay que recordar los hechos que dieron origen a la discriminación sexual y el suicidio de Sergio Urrego. Por un beso inocente propio de su amor juvenil, la rectora del colegio Gimnasio Castillo Campestre de Bogotá en forma inquisitorial y violadora de los derechos fundamentales de los jóvenes novios, les exigió que confesaran a sus padres como si fuera un crimen su orientación sexual; les pidió certificados de sicoorientación para ingresar a clases como si tuvieran una enfermedad mental; por si fuera poco la despiadada rectora le instauró una falsa denuncia a la madre de Sergio por abandono de su hijo e influyó para que la familia de su pareja lo denunciara penalmente por supuesto acoso sexual, mancillando además frente a sus compañeros su memoria después de su muerte. Con razón se suicidó sumido en la depresión producto de este acoso criminal.
No puede ser más oportuna y reparadora la sentencia de marras que ordena además al colegio discriminador que otorgue grado póstumo a Sergio y descubra una placa en su memoria que diga: “Una educación ética es el único mecanismo para obtener la perfección, destino último de los ciudadanos. La misma solo es posible si enseñamos en la diferencia, la pluralidad y el imperativo absoluto de respetar a los demás. En memoria de Sergio David Urrego 1997 – 2014”. Educación ética agregaría yo que se encuentra ausente en este país donde por razones religiosas se discrimina y se vulneran los más elementales derechos humanos como en el caso de Sergio que tuvo que suicidarse para que le fueran reconocidos como lo ha hecho con justicia la Corte Constitucional para que ojalá nunca más se le vuelvan a vulnerar a los demás.
