Se nos fue JORARCA
Delimiro Moreno
Impactos
Ayer, 15 de diciembre de 2015, falleció y fue enterrado en esta ciudad Jorge Enrique Calderón Cruz, más conocido como Jorarca, periodista autodidacta de la vieja guardia, iconoclasta, bohemio, gran conversador, aventurero, mujeriego, generoso hasta el derroche con sus amigos; alegre, un poco –o un mucho- irresponsable e incorregible, de la generación de los años finales del siglo XX, creador de algunos de los muchos “esporádicos” que surgieron el sur colombiano como medio de vida de los aventureros del periodismo más bien recelosos de las grandes empresas periodísticas de las que desconfiaban y temían –con razón- ser explotados sin reconocerles sus capacidades y múltiples valores. Sin muchas pretensiones intelectuales, sabía y cobraba, hasta donde era posible en esas empresas tan avaras con sus colaboradores, el valor de su trabajo intelectual No era un gran columnista, ni editorialista, ni siquiera un cronista de gran aliento, sino un buen cargaladrillos que tenía el olfato de la noticia y el valor de su divulgación. Por eso, no figurará en los pretenciosos manuales de historia del periodismo, más destinados a inflar los figurones de la profesión o sus patrocinadores económicos.
Fue jefe de redacción de el DIARIO DEL HUILA, en una época heroica, sin publicidad casi, sin grandes tiradas y poca influencia social y política, en un sociedad tradicional de escaso desarrollo capitalista e industrial, que daba más crédito a la palabra que a la escritura, reflejo de su composición social y su estructura campesina, con mayoría de analfabetas.
Intentó llevar el diarismo a una región más atrasada aún que la huilense, y creó el DIARIO DE LA AMAZONÍA, en Florencia (Caquetá), aventura efímera que solo le exigió energías superiores acaso a sus fuerzas y le dejó los dolores del fracaso. Mejor suerte corrió al servicio de las Juntas de Acción Comunal, cuyo periodista oficial fue durante mucho tiempo y como tal llegó a formar parte su dirección nacional. Tuvo oportunidad allí de mostrar su voluntad de servicio comunitario y sus habilidades como dirigente popular. Su revista Hechos y Gentes del Huila guarda en sus páginas, que debe ser consultada para saber buena parte del desarrollo de esta comunidad, las semblanzas y realizaciones de muchos de sus mejores hombres.
Hasta los últimos años de su vida intensa y bien difícil económicamente estuvo imaginando empresas, pensando en cómo ejercer su profesión al servicio de la comunidad; lidiando con la pobreza, su amiga y compañera fiel hasta su muerte, como muchos de sus colegas, sin abandonar nunca su sonrisa de hombre bueno en el fondo. Acaso su desordenada vida familiar y su escasa figuración social no lo hagan digno de ser puesto como paradigma en esta sociedad que en lo más íntimo de su ser detestaba, pero vivió como quiso y sus amigos, que le perdonamos sus errores y le celebramos sus aciertos y sobre todo sus buenas intenciones, no lo olvidaremos fácilmente. Adiós, hermano Jorarca, pronto estaremos acompañándote en el mundo del olvido…
