viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-06-01 09:01

Se fue Gloria Cepeda

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 01 de 2017

Sentado frente al computador, dispuesto a escribir sobre el polvorín del Cauca después de la desmovilización de las FARC, recibo la infausta noticia del fallecimiento de la Poeta Gloria Cepeda Vargas. Se va una de las grandes, de aquel dúo que compuso con su precedente Matilde Espinoza, y del trio de Popayán conformado por ella, Matilde Eljach e Hilda Pardo.

Para contar que Gloria Cepeda era oriunda del Cauca, sentía a Popayán como su patria, le rendía especial reconocimiento; y le dolía Colombia como si la hubiera parido de sus entrañas. Gloria Cepeda era una mujer liberal en el sentido estricto de la palabra, defensora de causas femeninas con postura radical frente al maltrato y la discriminación, capaz de separarse de su esposo y de sus hijos venezolanos para enfrentar una lucha que asumió propia: conseguir la dignidad femenina. Nunca le gustó que la llamaran poetisa por lo despectivo del término; prefería el título consagrado de Poeta, como en realidad lo fue con honores y reconocimientos desde todas las esferas: local, nacional e internacional.

Sin duda incomprendida, deja un largo prontuario poético de profundidad y peso, que las nuevas generaciones reconocerán, porque la historia y la vida de los poetas es así: de disfrute Post Mortis, para trascender los tiempos y el espacio.

Conocí a Gloria Cepeda en la longevidad de sus años que estiraba con sumo cuidado y peinados dieciochescos. Supe de sus dolencias, de sus dificultades, pese a lo cual gocé de su compañía en un periplo a mi pueblo, La Plata, para un recital organizado por mi entrañable amigo Luis Alirio Nieto, quien también descansa, y el entonces alcalde Ramiro Paredes. Ella recordaba con sumo afecto y frecuencia cómo hubo lleno total, su disertación aplaudida con respeto y la impresión positiva del único recital que asistió en su vida donde se cobró la entrada. Cosas de Alirio Nieto. Siempre, en posteriores reuniones hablaba de esa anécdota, y vi sus ojos llorosos cuando le conté del fallecimiento del “Largo” Nieto, a quien estimó desde primera vista.

En esos encuentros con Gloria Cepeda hablamos de poesía y de poetas, anécdotas simpáticas contaba, recitaba trozos de libros, declamaba sus versos y los de otros por aquella memoria prodigiosa, salvaguardada de la esquiva presencia de este aparatico que tengo enfrente y que me ayuda a olvidar hasta mi nombre. Fue una escritora de Olivetti, decía sentirse encantada con el traqueteo inconfundible de las teclas en una mecanografía perfecta, sin duda aprendida en uno de los cuántos colegios de monjas donde se educaron las muchachas de su generación. Escribía también artículos de prensa con frases poéticas, adorno metafórico que salía de su boca y de su pluma con admirable facilidad.

A esta hora, cuando pienso en el polvorín en que esta convertido el Cauca, me interrumpe el recuerdo de Gloria Cepeda Vargas, una mujer íntegra, valiente, capaz de decir en voz alta sus pensamientos, incluso sobre los hombres para generalizarlos, y siento un extraño vacío, un sombra que ronda, y el sonido pesimista de sus versos existenciales. Tal vez, como ciudadana de Venezuela también, la mató el dolor de ver impotente a su segunda patria destrozándose igual que la nuestra. ¡Vaya adelante!