lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-01-13 09:42

Se fue el mejor

Margarita Suárez Trujillo

Escrito por: Margarita Suárez Trujillo
 | enero 13 de 2016

Deshojando margaritas

Carlos Muñoz Sánchez fue el primer actor de televisión que conocí personalmente. Me impactó porque imaginaba que las estrellas de la pantalla chica eran inalcanzables y lo encontré cálido, sencillo, simpático y muy humano. Con el tiempo resultamos siendo muy cercanos, gracias a la amistad mutua con el periodista Gustavo Castro Caicedo y a que yo trabajaba en medios como Cromos y Hit, que le daban mucho impulso a los artistas. En varias ocasiones nos reunimos en casa del comunicador, quien era su admirador y un entrañable amigo del actor y de su esposa Luz Helena Ángel, una mujer que lo acompañó durante los últimos 35 años y que al igual que él es gran aficionada a la fiesta brava. La pareja eran los primeros que llegaban a la Plaza de Toros de Bogotá cuando había festejos, ocupando los mejores puestos en el tendido, elegantes y con bota terciada. Algunas veces, cuando las ocupaciones de su profesión se lo permitían viajaban a otras ciudades a disfrutar de las corridas. Cuando Carlitos, como le llamábamos cariñosamente, hizo la serie “Pero Sigo siendo el Rey”, que estelarizó junto a María Eugenia Dávila, vino a Neiva, por invitación de mi esposo Jorge Herrera y toreó en una plaza portátil, en un festival benéfico. Por esas cosas de la vida y tal vez por la influencia de amigos que conocían su liderazgo en temas culturales, Carlos llegó a ser Senador de la República, oficio que no lo sedujo del todo, porque eso no era lo suyo. Regresó feliz al mundo de la actuación  donde se sentía como pez en el agua. Carlos se casó ya maduro, cercano al quinto piso, dejando atrás una bien ganada fama de soltero empedernido. Adoraba a su esposa Luz Helena y desde luego a su hija, Manuela Muñoz Ángel, la única de esa unión, aunque su esposa tenía dos más de una relación anterior. Da mucha tristeza despedir a un hombre tan maravilloso, un ser que fue ejemplo de vida. Se ha ido un grande en todo el sentido de la palabra. Como persona me pareció incomparable, sin tacha, gran amigo de sus amigos. Como actor, el mejor del siglo XX, reconocido por los medios y por sus compañeros. Como taurino, el mejor aficionado, de esos que siempre estaba presente en los tendidos pagando de su bolsillo el abono. Paz en su tumba, querido Carlitos.