jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-04-15 06:32

Satisfacción de las necesidades básicas

Por Froilán Casas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 15 de 2015

Excúseme amigo lector escribir un brevísimo comentario de agradecimiento al doctor y columnista MAURICIO BAHAMÓN OLIVEROS, quien a través de este prestigioso diario, DIARIO DEL HUILA, en su columna EL HOMBRE DE PUEBLO, me hace un elogio por demás, inmerecido. Gracias por su generosidad. Es bondad suya.

Permítame, entonces, desarrollar el título mencionado arriba. Es claro que el hombre debe satisfacer sus necesidades básicas, a saber: comida, vivienda, vestido, salud, educación, recreación, etc. No cabe duda que lo son. Las necesidades satisfechas corresponden al desarrollo de las dimensiones humanas. El hombre es un ser integral, su integralidad corresponde al desarrollo de todas su dimensiones. Las diferentes culturas y épocas, enfatizan algunas dimensiones, empobreciendo otras e incluso, negando algunas. Por ejemplo, quitarle al hombre su dimensión espiritual, es castrar y mutilar al hombre. Un materialismo a ultranza, le quita la identidad al hombre, reduciéndolo a unos aspectos de su personalidad. Si el desarrollo no es integral, no es desarrollo humano.

En general, todos los planes de desarrollo apuntan a satisfacer las necesidades básicas. Pero, ¡qué paradoja! Llevamos doscientos años de vida republicana y aún no hemos salido de la pobreza. Mucho ruido y pocas nueces. Una Constitución sesgada y unilateral que tutela solos los derechos individuales y casi silencia los colectivos, presenta un desarrollo limitado del hombre. Donde no hay deberes, sólo aparece la ley del más fuerte. En leguaje criollo, el pez grande se come al chico. Aparece la ley del péndulo: primero casi sólo deberes; ahora, casi solo derechos. ¿Por qué no buscamos el equilibrio?

Bueno, pero mi tema va a otra cosa. Quiero presentar al trabajo como una necesidad básica, no como un derecho. No satisfacer esta necesidad lleva al hombre al subdesarrollo mental y social. El trabajo hace parte de la estructura natural del hombre. El trabajo no sólo es un valor, es ante todo una necesidad. El hombre debe estar convencido que si no trabaja no se desarrolla como persona. No hay cosa más indignante que la holgazanería, la pereza. La cultura de la mendicidad es denigrante. El hombre sin hacer nada es un parásito, un zángano, es un medio hombre. El hombre se siente satisfecho cuando es el gestor de su propio desarrollo. Si hay algo satisfactorio es brillar con luz propia. La mentalidad del haragán no desarrolla a la persona y menos a la sociedad. Nos han metido un esquema cultural de pobreza que en todo reflejamos nuestra poquedad. Somos unos pordioseros, pisando una mina de diamantes. Países que hace unas décadas estaban por debajo de nosotros, nos han superado porque su esquema mental cambió. Mientras no veamos el trabajo como uno de los bienes más preciosos, siempre estaremos a la espera de las boronas que caen de la mesa de los ricos. ¡Hombre! , valore su dignidad, sea sujeto de su futuro. No viva envidiando a los demás, usted es capaz de cosas grandes. Mire siempre hacia arriba, claro, con los pies en la tierra. Excúseme decirle: si usted se la pasa tocándose la panza y sus anexos, nunca llegará a ningún Pereira.

* Froilán, obispo de Neiva