San Pedro
Por Ernesto Cabrera Tejada
Ciertamente no estamos viviendo el mejor San Pedro. A las múltiples situaciones que nos hacen el cotidiano devenir, se suman las fiestas que en cada rincón del país alegran el espíritu y se convierten en un hacer de lado los problemas. Pero incluso el abandono de tareas y responsabilidades, cada vez más gente se refugia en las fiestas para no hacer lo que debe. Otros tantos inventan una oportunidad para conseguir lo que necesitan y de cualquier manera lo que evidentemente provoca peligro al asistir a cualquier evento. Las autoridades saben que la felicidad de la gente está en el servicio y seguridad que puedan proveer.
Pero también la apertura de mercados que nos introduce en la aún incomprensible globalidad ha de afectar nuestro más íntimo entorno y hará de él una transformación; las fiestas son diferentes cada año y mientras para unos se hacen mejores para otros la nostalgia de años pasado los hace reclamar.
Hay quienes se anclan al pasado y se asustan al futuro, no cambian sus bambucos y tienen cara de lo que son. El jolgorio propio de nuestras tradiciones compuestas de fiestas y que apuntamos a cultura relegando arte y pensamiento crítico -propios de una sociedad de derecho- al aporte de unos pocos casi siempre inducidos e incluidos en visiones amañadas.
La ausencia de la gente en las actividades de San Pedro tiene relación directa con el panorama ligeramente descrito, pero ello no puede quedarse allí, obedece a la falta de visión al aporte de nuevas generaciones, pensadores, líderes y mucha gente capaz de imaginar el futuro con empatía y sin resignación.
Si bien estamos condicionados al momento, ello no resta voluntades y respuestas concretas a la estimación en la búsqueda de calidad pero ante todo de carácter en los intelectuales que han de transformar desde la nueva época que hemos denominado postconflicto.
Seguramente y como todo el reinado nacional del bambuco y su festival folclórico que saben a añejo, habrá que ponerlo a tono sin que ello implique la perdida de tradiciones y riquezas propias de su entorno.
PUA: Equívoca la manera como se pretende administrar y comercializar estas fiestas. Cada vez más empresarios serios huyen de las pamplinas y necedades mercantiles.
