lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-03-04 10:49

Salud es corrupción

Amadeo González

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 04 de 2016

Hoy, como cosa curiosa, los medios de comunicación insisten en las formas de corrupción que se presentan hace muchos años en el sistema general de salud y la forma como la clase política colombiana, se ha encargado y sigue utilizando en su provecho personal, las instituciones del Estado, tales como Ministerio de Salud, la Superintendencia de Salud y las diferentes EPS, IPS, y todas esas formas de legalizar la ilegalidad o de amparar la corrupción a todo nivel.
 
Es y ha sido la clase política colombiana, la única responsable de la situación de abandono y de desidia que tenemos en los actuales momentos en la prestación del servicio de ese Derecho Fundamental a la Salud, por cuanto los tentáculos que se han erigido y se han creado para el provecho personalizado de aquella han desbordado todo control, como se corresponde en ese ámbito generalizado que vivimos dentro de un mundo de corrupción, de ilegalidad, de injusticia y de democracia representativa, como se dice.
 
Definitivamente nuestros electores tienen los dirigentes que se merecen, cuando han sido los responsables directos de ese fenómenos de reelección ad infinitum en el que hemos patrocinado en todas las instituciones que se dicen representativas de la ciudadanía, y cuando no hemos tenido la suficiente entereza para soportar y liderar esos procesos de renovación y de cambio que tanto se requieren en un sociedad que se pregona “libre” y “democrática”.
 
Recordemos como todas las empresas prestadoras del servicio de salud manejadas directamente por el gobierno nacional, han terminado en la quiebra total, han sido fortín político de la clase dirigente de turno, que es la misma de hace más de cincuenta años, y las que pertenecen a la empresa privada, han terminado al igual, corrompidas y desarticuladas por las formas como la clase política ha logrado manipular la normatividad, hasta el punto de convertirse en aliados imprescindibles de aquellas y por tanto, han terminado contaminando de todas las formas de corrupción posibles y propias del Estado Social de Derecho.
 
Ahora que podemos esperar de los entes de control, cuando todas las formas de ilegalidad terminan siendo legitimadas por decisiones que contrarían el espíritu y el fundamento de todos los principios constitucionales, a partir de premisas y de considerandos que se tornan difusos, vagos e imprecisos en las actuaciones, sentencias o providencias que salen de los entes de justicia o de las instituciones como Procuraduría, Fiscalía y demás encargadas de la vigilancia y control de aquellas?
 
Nuestra sociedad colombiana, la de ahora y la de siempre, ha de asumir las consecuencias de una sumisión total a políticas de ambición personal que vienen desde la estructura misma del Gobierno central y que se proyectan hasta en la más mínima expresión popular en una inspección de policía y porque no, en una junta de acción comunal, y por tanto, seguiremos pregonando que somos hijos de la improvisación de unos dirigentes que han sabido congraciarse con la corrupción como una forma de vida en la que son las mismas instituciones del Estado, las encargadas de proteger y de velar por la perpetuidad de todos los desmanes, de todo el descontrol y de todo lo que se pregona por los actos vandálicos de quienes detentan el poder y lo usufructúan en su provecho.
 
Qué podrá resultar de un Acuerdo en la Habana, cuando no hemos podido llegar a un acuerdo entre la clase política dominante y dirigente, para hacer cesar y detener todas las formas de corrupción que se viven en el interior del actual Gobierno Nacional, como consecuencia de una herencia siniestra que hemos vivido a lo largo de los años de nuestra presunta democracia participativa y libertaria?
 
Es hora de empezar un juicio histórico de responsabilidad a la clase política colombiana y que desde las barriadas mismas, se escuchen las decisiones que sean más consecuentes con un alzamiento generalizado de la población para exigir y demandar, lo que nunca hemos tenido: Justicia y sanciones ejemplares para los depredadores del erario público y de quienes se han encargado de arrasar con éste país.