Salud, desnudó la salud del periodismo
Alfonso Vélez Jaramillo
La desaparición de la periodista Salud Hernández, que ojalá no sea un secuestro, tiene en vilo a más de medio país y en estado de alerta a la comunidad internacional muy interesada en el proceso de paz que se adelanta en Colombia.
Por las circunstancias de su viaje a la región del Catatumbo, tal parece ser que la comunicadora está cumpliendo sus tareas misionales y que su regreso sana y salva se ha dificultado para evitar la ubicación de grupos ilegales, porque todo el mundo ha puesto su atención y se teme enfrentamientos armados.
La zona de El Catatumbo desde hace muchos años está afectada por intereses relacionados con el narcotráfico, bandas criminales, guerrilleros de las Farc, y especialmente del autodenominado Ejército Popular de Liberación EPL, enfrentados por el control regional, lo que complica la situación para ubicar el paradero de la periodista.
Inquieta que hasta ahora luego de seis días ningún grupo se haya adjudicado la responsabilidad de su secuestro, o al menos que no se informe que se encuentra en la zona de influencia de sus actividades.
Al momento de escribir esta nota, la cadena Caracol informaba que Salud Hernández, estuvo dialogando con varios periodistas a los que confió estar en misión reporteril, sin embargo lo que aumentó la intranquilidad es que otros tres periodistas desaparecieron, precisamente cubriendo el caso de la columnista española y nacionalizada colombiana.
Aunque no he estado de acuerdo con algunas de las posiciones de Salud Hernández, es una colega y considero que le llegó la hora al periodismo colombiano de unirse, no solo para exigir su regreso sana y salva, sino que además debe demandarse con energía a los grupos armados en general que respeten la vida y la integridad de los periodistas.
Debe recalcársele al Presidente Juan Manuel Santos, a los congresistas, a las altas cortes y a la clase política en general que estudien e impulsen de nuevo la posibilidad de restablecer el estatus de actividad de alto riesgo al periodismo de Colombia, este es un fiel retrato de nuestra delicada situación.
Centenares de periodistas han sido asesinados en el ejercicio de su oficio y muchos han tenido que refugiarse, retirarse o asilare en otro país debido a las amenazas y las constantes presiones de todo tipo.
No me explico por qué motivo los gremios periodísticos en general, pese a aglutinar a los integrantes del que pomposamente denominan cuarto poder, sean los más vulnerables por la intolerancia de quienes ejercer el poder o se hacen fuertes con las armas.
Desde que la Corte Constitucional declaró inexequible la Ley 51 de 1.975, denominada como la “Ley del periodista”, el periodismo dejó de ser una profesión y se convirtió en uno de los tantos oficios que no descalifican a nadie, pero no necesitan preparación académica e intelectual ni son tan peligrosos para su ejercicio como el de periodista.
Y lo más preocupante es que los sucesivos presidentes, ni los congresistas que tanto buscan a los periodistas en época electoral, han demostrado su interés de buscar los mecanismos constitucionales y legales para dotar al periodismo colombiano de las garantías con el carácter de profesión y especialmente de los privilegios para su libre ejercicio.
Ahora, volviendo al tema de Salud Hernández, a mí me preocupa que debido al intereses que ha concitado su desaparición y teniendo en cuenta la polarización del país en torno al proceso de paz, sea utilizada como “chivo expiatorio”, que según la Rae, es la denominación que se le da a una persona o grupo de ellas a quienes se quiere hacer culpables de algo cuando en realidad no lo es. Por ahora se espera su regreso sana y salva.
