Régimen siniestro
Aníbal Charry González
Ahora que se cumplieron 20 años del asesinato de Álvaro Gómez, en total impunidad como es la costumbre en este país de crímenes y magnicidios impunes, ha vuelto a recobrar vigencia lo que el denominara como el régimen, pero que muchos no saben exactamente a qué se refería, y fue sin lugar a dudas el que terminó matándolo como ha ocurrido con tantos otros que estorbaban a ese régimen siniestro, que es lo mismo que decir las “fuerzas oscuras” que se sabe como están integradas sin poder identificarlas para la justicia, precisamente por cuenta de ese régimen vitando, que así como se encarga de producir esos crímenes, por supuesto se dedica también a encubrirlos para que no sean esclarecidos con la identificación plena de sus autores intelectuales.
Para muestras muchas: desde el infame crimen del general Rafael Uribe Uribe en 1914, hasta el asesinato del mismo Álvaro Gómez, pasando por los de Jorge Eliécer Gaitán, Rodrigo Lara Bonilla, la matanza del Palacio de Justicia, el de Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro; el exterminio a sangre y fuego de más de 6000 militantes de la UP, para mencionar los magnicidios más emblemáticos de este país de criminales sin nombre, todos signados por un común denominador: la total impunidad, como que, para vergüenza de nuestra precaria justicia, conmemoramos 30 años precisamente de impunidad de los hechos más atroces de que tengamos memoria, que fueron la masacre de la Justicia con más de 100 muertos y cientos de desaparecidos, de los cuales no se sabrá nunca cual fue su real suerte, y menos quienes fueron sus torturadores y asesinos, porque el régimen perverso de que hablara el líder conservador, se encargó de alterar el escenario del crimen con fines de impunidad.
Y es que ese régimen vitando, según lo afirmara el líder conservador no solo estaba integrado como muchos lo suelen entender por el Estado y el Gobierno y sus mal llamadas fuerzas de seguridad, sino todo un entramado constituido también por actividades lícitas e ilícitas, como la narco política, la parapolítica, los terratenientes, las bandas criminales que financian la política y los carteles de todo pelaje que tenemos en Colombia, unidos todos para defender el statu quo y sus privilegios así tengan que eliminar como en efecto ha ocurrido a nuestros más conspicuos dirigentes políticos, cuando osen atravesarse a sus protervos designios de lucro y poder, como en el caso de Álvaro Gómez, que pagó con su vida su oposición radical a la ignominia de la permanencia de Samper en la Presidencia, con su famosa frase de que “no se cae pero tampoco se puede quedar”, sabedor como todos los colombianos, de que su elección se había hecho con dineros del narcotráfico.
Porque fue precisamente el cartel del Norte del Valle como lo dijera “Rasguño”, el que le hizo el favor al integrante del régimen para que permaneciera en la Presidencia, de sacar del juego político para siempre al dirigente conservador, quedando incólume el régimen siniestro cuando sabemos quiénes fueron sus asesinos, lo mismo que en los otros magnicidios impunes.
