lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-02-04 09:18

Rumbo a desierto

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 04 de 2016

Antes nos teníamos que abrigar con buena cobija; y salir a la calle con buzo y bufanda; en principio nos alegrábamos porque podíamos andar en mangas de camisa, sin imaginar que el calorcito tenía que ver con la irresponsabilidad nuestra, con nuestro atentado contra la naturaleza. Depredamos el lugar donde vivimos, llenamos nuestros espacios de pavimento, de basura, de concreto; como si el olor húmedo del suelo nos fastidiara, como si el color verde de los prados y los árboles nos molestara.

La temperatura ha subido tres y cuatro grados; el hecho de andar en mangas de camisa es señal evidente de que un día haremos nuestro planeta invivible. Plagas nuevas surgen a diario, corrientes inesperadas de frío o calor padecen nuestros océanos, las nieves perpetuas de nuestras altas montañas desaparecen y con ellas el agua, líquido vital sin el cual no podemos vivir.

En mi niñez escuchaba al doctor Braulio Ramírez hablar del problema: “Tenemos que reforestar las cuencas de nuestros ríos; privatizar las márgenes de las quebradas que proveen el agua para el acueducto”. Sus camaradas en el Concejo Municipal se referían a él como “El Loco”. De eso hace la módica suma de varios años. Si hubiéramos atendido al doctor Chifú (lo apodábamos), el panorama sería diferente, las lluvias estuvieran regularizadas, las olas de calor serían tema inoportuno.

Lo lamentable es que continuamos con la depredación. Tumbamos cuanto árbol encontramos, pavimentamos cuanto prado dispongamos. La política del estado es miope. Pensamos en un falso desarrollo fundamentado en la producción intensiva, metemos carreteables a diestra y siniestra por laderas frágiles, no pensamos en alternativas ni de vías ni de energía. Inundamos con presas amplias zonas productivas y de bosques, atentamos contra el patrimonio faunístico, no nos importa los páramos ni las zonas de preservación, acabamos con todo, modificamos todo, fumigamos indiscriminadamente con herbicidas e insecticidas. Vamos rumbo a convertir nuestra geografía en un desierto.

En menos de cincuenta años el clima ha cambiado en forma radical; no depende de las fases de la luna ni de la altura, el tiempo se ha vuelto impredecible, en los cultivos, siempre una actividad riesgosa, ahora aumenta la posibilidad de pérdida, nadie quiere dedicarse a faenas agrícolas porque ninguna seguridad ofrece. El aparato político que tiene que ver con el medio ambiente no actúa, las Corporaciones son organismos de burócratas inconscientes y corruptos, comprables, expiden licencias sin medir las consecuencias, su actividad se circunscribe a otorgar salvoconductos para que continúe la depredación. Es nulo el papel de las autoridades locales y regionales.

La única posibilidad son los mecenas, personas y organizaciones privadas que pelean a rabiar contra el abuso de personas y empresas, pero sin una normatividad y unas instituciones que defiendan nuestra tierra, estamos destinados a destruir la casa, nuestro único hogar.