miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-07-24 07:01

Roldanillo

Por Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 24 de 2015

El miércoles 15 se realizó en el amplio auditorio del Museo Rayo en Roldanillo, el aniversario número 31 del Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas. Han pasado treinta y un años desde el día en que Águeda Pizarro y Omar Rayo, con la asistencia de apenas siete mujeres, inauguraron en Roldanillo lo que sería el más floreciente intercambio de poesía femenina  en Colombia.

Para mí, con más de la mitad de la vida desvinculada de mis querencias  entrañables, el haber acudido desde hace más de quince años a esa fiesta del corazón y de la inteligencia, fue el inicio de un momento de  luz que no cesaré de agradecer.

Durante los cinco días que dura el evento, el pueblo se viste de fiesta y la poesía corre por las calles como una muchacha feliz. La Casa Quintero, nombre de la Casa de la Cultura, los cafés, heladerías, restaurantes, discotecas, hoteles, fuentes de soda y hasta el billar del pueblo, se convierten en nuestros interlocutores.  A pesar de los recitales que tienen lugar desde las nueve de la mañana hasta altas horas de la noche, no es la poesía la única presencia del corazón en el aire de Roldanillo. Obras de teatro, conciertos, exposiciones de connotados artistas nacionales e internacionales, mesas redondas, conferencias  y exposiciones pictóricas aderezadas por lo más representativo de nuestra crítica, convierten cada uno de estos días en un  descubrimiento afortunado.

A más de la acogida y el respeto de los anfitriones para las participantes, el Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas, magna obra debida a la clarividencia de Omar Rayo y al amor por Colombia de Águeda Pizarro, es punto de encuentro sublimado por la fantasía y el poder del arte, en este país tan necesitado de paz.

Desde la costa atlántica hasta el final del llano, desde las marismas occidentales hasta las tierras del oriente, pasando por los departamento del altiplano y las emprendedoras regiones antioqueñas,  Huila y Boyacá, Tolima y los Santanderes, Quindío, Caldas, Risaralda, el Pacífico, el Caribe, el piedemonte andino y los caminos   de frontera, Colombia se vuelve una, sólida, fraternal, orgullosa de ser en sus cantoras negras e indígenas, sus flautas de niebla y sus marimbas retumbantes. Baila Colombia, canta Colombia, crece Colombia. Se fuga y vuelve, se embriaga y piensa mientras Águeda, la bella colombiana nacida más allá de nuestros límites, mira cómo florece lo que ella y Omar, ese relámpago inolvidable, sembraron hace más de treinta años en un pequeño pueblo de la Colombia que todos concebimos como esperanza de nuestra utopía y confirmación  de nuestra realidad.