Rodrigo Lara Bonilla, 28 años de impunidad
Se conmemora el 30 de abril un año más del asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, quien fuera ultimado por los sicarios de la mafia colombiana.
En 1986 el gobierno del presidente Belisario Betancourt había empezado el camino hacia la pacificación del país al iniciar el diálogo con la guerrilla de las Farc. El proceso prácticamente fue truncado y abortado por las fuerzas aliadas del narcotráfico con el propósito de detener por todos los medios a quienes se mostraban a favor de la paz y de la lucha contra los males que aquejaban en su momento a Colombia. En la realidad actual siguen siendo los mismos problemas los que aún persisten y los actores también.
La década de finales de los noventa fue el periodo de recrudecimiento de la violencia que se inicia con la muerte de Rodrigo Lara Bonilla, producto de la alianza entre la mafia y la clase gobernante, para mantener el poder político, económico y militar. Los métodos utilizados por los autores intelectuales y materiales son catalogados como los más salvajes y abominables por los seres humanos. A la muerte de Rodrigo Lara Bonilla le sucedieron Enrique Low Murtra, Luis Carlos Galán Sarmiento, Carlos Mauro Hoyos, Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro Leongómez y todo el genocidio de la Unión Patriótica, el Partido Comunista y otras fuerzas de izquierda.
Colombia es de las pocas naciones donde no hemos podido superar la violencia, producto de la impunidad en el esclarecimiento de los hechos. No es posible en la historia de Colombia que la muerte de Jorge Eliecer Gaitán y muchos próceres no haya tenido una respuesta por parte de la justicia. Las dictaduras militares en América Latina, que sucumbieron por la acción popular y la presión internacional, al final develaron sus responsables para aplicarles el castigo. La página de la violencia en esos casos no fue de olvido, sino de verdad, justicia y reparación, como debe ser.
Para el nuevo proceso de paz que se adelanta en La Habana, cuando se discuta lo relacionado con las víctimas, los victimarios no solo serán de la insurgencia, sino también los intelectuales y los actores materiales de los crímenes que se desarrollaron por parte del narcotráfico, la clase política y los paramilitares. Aquí no se va a salvar ninguno, ni siquiera el senador Álvaro Uribe Vélez y todos los parapolíticos. La insurgencia también tendrá su cuota de responsabilidad la cual deberá asumir para poder avanzar en la firma de la paz entre el Estado y la guerrilla. Se equivocan quienes creen que solo la guerrilla es la única generadora de la violencia, es una de las verdades, otra le corresponde develarla a la comisión de la verdad que se deberá constituir. La discusión en la Mesa de Diálogo es si la comisión se creará antes o después de la firma de los acuerdos. La definición al final será a favor de la paz y no de los violentos.
