Rivera, el municipio rezagado del Huila
Germán Hernández Vera
En Rivera se respira retraso. Pese a su cercanía con la Capital (escasos 12 kilómetros), al inmejorable clima y a los atractivos turísticos como las conocidas aguas termales, el “Municipio Verde” –como también se le conoce- registra un evidente rezago que está sustentado en múltiples factores, en especial las pésimas administraciones y el poco o nulo trabajo de control político que ejercen sus concejales.
Aunque parezca increíble, el municipio de Rivera –con cerca de 30 mil habitantes- no cuenta con una notaría, por lo que todos los trámites legales se deben realizar en Neiva, dejando en la capital del departamento los tributos que servirían para invertir en obras sociales y de infraestructura.
Pero además, no se cuenta con un catastro actualizado, gracias a lo cual, los dueños de grandes casas de campo y lujosas fincas ubicadas en la periferia, pagan cifras irrisorias de impuesto predial, como el caso de los propietarios del condominio localizado al lado del Club Campestre, quienes contribuyen anualmente con devaluados 100 mil pesos por casas avaluadas comercialmente en 800 y hasta mil millones de pesos.
En Rivera, la prestación del servicio de acueducto, como la calidad del agua, es muy deficiente, tal vez porque no existen medidores, lo que genera además el derroche del líquido por parte de la mayoría de sus habitantes. Los usuarios del acueducto hoy pagan tarifas fijas (promedios) que impiden que la empresa recaude lo que realmente suministra, perdiendo importantes recursos que le servirían para crecer, modernizarse y así brindar un mejor servicio.
Pero hay más. En Rivera hay un solo cajero electrónico (Banco Agrario) que permanece averiado o sin dinero y en la mayoría de establecimientos comerciales (restaurantes, hoteles y bares) no cuentan con el servicio de datáfono, lo que se traduce en incomodidad, especialmente para el considerable número de turistas que todos los fines de semana visitan el poblado para almorzar con la familia, degustar un postre o gozar una tarde de piscina.
En Rivera tampoco hay un transporte urbano reglamentado y ni hablemos de la nula asesoría o capacitación que reciben los comerciantes para brindar un mejor servicio a los turistas.
Todo esto es lamentable, sobre todo porque se trata de un municipio que está creciendo a pasos agigantados gracias al inmejorable clima fresco y a la cercanía con la capital.
Entonces, lo que Rivera necesita es un gran gerente, un gobernante que junto al Concejo y todas las fuerzas vivas golpee las puertas de la Gobernación y del Gobierno Nacional en busca de recursos. Se necesita un alcalde que realice ya la actualización catastral, que modernice el acueducto y que gestione la apertura de una notaría, en pocas palabras, que saque a Rivera del atraso en el que se encuentra.
Una notaría se consigue con el ‘lobby’ de los parlamentarios; y la instalación de un par de cajeros automáticos, con la visita a los gerentes de los bancos, entonces, lo que falta es gestión, un trabajo dedicado que se espera asuma en el menor tiempo posible el recién posesionado mandatario Néstor Barreiro, un alcalde joven y visionario del que Rivera espera mucho.
