Rezos por la paz
Ayer el Papa Francisco le confesó al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que es quizás el mandatario que ha tenido más presente en sus oraciones.
El pontífice lo recibió en audiencia en la biblioteca papal.
“Me dijo algo muy bonito. Me dijo usted es tal vez el mandatario por el cual más he rezado yo”, declaró el jefe de Estado al salir de la audiencia con el pontífice argentino. Esta declaración indica la importancia que le da el papa Francisco a la paz de Colombia.
Si bien es cierto que esas palabras son una muestra del afecto que tiene el máximo jerarca de la Iglesia Católica a nuestro país, también son esperanzadoras ante un proceso de paz en estos últimos días ha pasado por una dura crisis.
La masacre de soldados en el Cauca, el bombardeo de la Fuerza Aérea que dejó varias decenas de guerrilleros muertos (entre ellos algunos que habían participado en la mesa de diálogos), los atentados contra la infraestructura petrolera, energética y de agua potable que han afectado a colombianos de seis departamentos, y por último, al asesinato de dos policías y un civil en Nariño, han enervado los ánimos de la sociedad civil.
El presidente de la República, desde Europa, ha condenado estos hechos. Prácticamente cada declaración que ha dado desde el Viejo Continente tiene que ver con la escalada terrorista: “Nadie se explica este tipo de actuaciones, (…), sobre todo de un grupo que aparentemente quiere buscar la paz. Si esa es la forma de buscar la paz, si esa es la forma de buscar apoyo para ese proceso de paz, se equivocan de cabo a rabo, porque lo que están generando es exactamente lo contrario”.
Más adelante expresó: “La guerrilla, por ejemplo, con esos ataques irracionales, insensatos, destruyendo precisamente lo que el mundo quiere preservar, que es el medio ambiente. Volando torres de energía para quitarle la luz a poblaciones enteras”.
Y ayer, luego de su entrevista con el Santo Padre, el jefe de Estado indicó que el papa le había dicho “lo que pueda hacer yo personalmente, la Iglesia, cuente con nosotros. No solamente lo apoyamos sino que, si necesita que nosotros juguemos un papel, estamos dispuestos a hacerlo”.
Sin embargo, la decisión sobre la participación del pontífice y de la Iglesia Católica debe ser convenida por ambas partes, es decir el Gobierno y la guerrilla de las FARC. “El Santo Padre me ha pedido que persevere, me ha dicho no baje la guardia. La reconciliación en Colombia hay que buscarla por todas las formas. Y así lo haré”, declaró el presidente.
Vale la pena destacar que el Papa Francisco fue uno de los gestores de las conversaciones históricas que en estos momentos están llevando a cabo Cuba y Estados Unidos, dos naciones que se han mostrado los dientes desde hace décadas y que a la vez nunca habían logrado dialogar como lo están haciendo en estos momentos.
Los buenos oficios del sumo pontífice podrían dar el oxígeno que requiere el proceso de paz entre el Gobierno y las FARC en este momento en donde la sociedad está polarizada, se tiene la impresión que las jornadas en La Habana no avanzan y hay justificaciones por parte de la guerrilla con comunicados, como el de su máximo comandante, alias Timochenko en donde sostiene que “El sabotaje económico es una medida militar. Cualquier Estado que inicia una guerra, lo primero que se propone es destruir la infraestructura del rival, bombardearla, hacerla ruina. A nosotros nos imponen la guerra, obramos en consecuencia. Orientamos sí, afectar lo menos posible a la población civil, y prohibimos expresamente atentados a servicios de acueducto y similares”.
Según el Centro de Recursos para Análisis de Conflictos (Cerac), desde el 22 de mayo, cuando las FARC anunciaron el final del cese al fuego unilateral, se han perpetrado 63 ataques a la fuerza pública, torres de energía, carreteras, infraestructura petrolera y acueductos. Casi tres actos terroristas por día.
