Retroceso
Lucas Mateo Vargas Vargas
La retomada neoliberal y su nueva oleada de privatizaciones; la reconfiguración de la derecha latinoamericana y la imposición reaccionaria de su proyecto político-ideológico, valiéndose del juego maniqueo de los oligopolios comunicativos que con sus narrativas quieren imponer un orden estático-positivista; y el afán excesivo de lucro, el desinterés por la vida humana, ambiental y animal, han hecho que se retroceda en el tiempo, en lo concerniente a las realidades sociales de los distintos países de nuestra región.
Vemos cómo en el contexto sudamericano nuevos gobiernos neoliberales se configuran para retomar el control político en los distintos países, como lo es el caso de Argentina, en donde el gobierno Macri representa el alza acelerada del costo de vida, el favorecimiento al mercado libre y un retroceso de las garantía sociales concedidas al pueblo argentino por parte de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. En Brasil asistimos a un nuevo ‘golpe parlamentario’ (como el de Honduras en 2009 y Paraguay en 2012) que no es más que un ‘golpe de estado’, no a través de lo militar como lo hecho durante la ‘Operación Cóndor’ con sus dictaduras militares en las décadas de los 60´s y 70´s, sino a través de las “vías democráticas”. Ese nuevo golpe parlamentario, propinado por uno de los congresos más corruptos y conservadores de la historia brasileña, fue la última carta que se jugó la derecha retrograda pos pérdida de las elecciones presidenciales del año 2014. Con su “Puente para el futuro”, como ha dado Michel Temer en llamar a su programa para ‘rescatar al país’, pretende acabar con los programas sociales y reducir el Estado a lo mínimo, ya que brindarle salud, educación y vivienda al pueblo es una fuga de capitales y un detrimento al mercado.
En Perú, las mayores opciones de llegar a dirigir los destinos del país las tiene la hija del ex presidente, ex dictador, y hoy condenado por múltiples delitos, Alberto Fujimori. Quizá la principal tarea de Keiko sea la de indultar a su papá e implantar su legado de exterminio, esta vez con nuevas prácticas.
La guerra sucia desde los medios de comunicación (NTN24, RCN, CNN) y el sabotaje económico declarado contra la revolución Bolivariana, por parte de las élites comerciales venezolanas, tienen en vilo al gobierno de Nicolás Maduro, y en las últimas elecciones parlamentarias le dieron el triunfo a la derecha con la mayoría de los escaños del legislativo. Quizá piensen orquestar otro golpe parlamentario en la región, esta vez para entregarle el tan anhelado petróleo a las multinacionales estadounidenses y eliminar la redistribución de la renta que ha generado bienestar, salud, vivienda y educación al pueblo venezolano.
En Colombia (aunque no hemos contado con gobiernos progresistas, pues cuando éstos tuvieron ascenso en la región, nuestro país con el Plan Colombia privatizaba el uso de las armas regulares en su batalla contra el narcotráfico; el gobierno de la seguridad democrática le brindó confianza al inversionista, privatizó un total de 49 entidades públicas en los distintos sectores: bancario, telecomunicaciones, sector salud, electrificadoras, entregó el país en un acuerdo leonino a través del TLC y de las 7 bases militares) también se está retrocediendo, pues a Uribe le parece que llegar a un acuerdo de paz entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC es un absurdo y pide el fin de los diálogos y la continuidad de la guerra fratricida. Su discurso guerrerista, encubierto en una pseudo resistencia civil, puede generar una reacción violenta de ese proyecto paramilitar que sustenta a la burguesía emergente que quiere seguir privatizando la tierra.
Al pueblo colombiano le cabe la histórica tarea de no claudicar en su objetivo de lograr el cese del conflicto social y armado, e ignorar el discurso de odio político, social y fratricida del senador Uribe y sus lacayos.
