Retrocede el proceso de paz
Lo que algunos medios nacionales ya venían advirtiendo de que el 23 de marzo no se firmaría el fin del conflicto armado, ayer se materializó con el mensaje que dio el presidente Juan Manuel Santos: “por cumplir una fecha no voy a firmar un mal acuerdo de paz”.
En medio de esta noticia inesperada, también al finalizar el día el Centro Democrático de manera sorprendente logró un acuerdo con los partidos del Pacto por la Paz. En la que se reforma el artículo 8 de la ley 418 de 1997 (Ley de Orden Público), para establecer mecanismos de dejación de armas, desmovilización y reinserción de grupos armados. Artículo que fue aprobado ayer en el Senado de la República y la Cámara de Representantes.
“Agradezco a los partidos del Pacto por la Paz y al Centro Democrático la disposición y comprensión del propósito final de este proyecto de ley. Estas zonas de ubicación temporal no serán nuevos caguanes ni zonas de despeje, allí estará presente la fuerza pública”, dijo el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo.
De modo que lo claro es que el proceso de paz seguirá su curso y seguramente este año, a lo mucho se definirá la fecha en que los cabecillas de las FARC y los representantes estamparán la firma que será histórica.
Pero antes que esto ocurra sucederán muchas cosas que pueden poner en juego esta firma tan, pero tan esperada. Las FARC, podrían esperar los resultados de un plebiscito que de ser desfavorable, sería la excusa perfecta para la guerrilla echarse atrás en las negociaciones.
Por otro lado, el grupo insurgente podría acudir a la exclusión en política que ya advirtió el gobierno para algunos cabecillas, por lo que justificarían la no firma pues la consecuencia de ella no sería un acto político para ellos sino un acto de coerción para someterlos a una justicia que no les dará posibilidades de estar en la arena política.
Pero supongamos que todo va a salir bien. Supongamos que la paz llega tras estar firma. Lo más duro no será haber llegado a la firma de un papel, lo más difícil está por venir, que es afrontar un grueso grupo de delincuencia común que ha desertado de las filas armadas en desacuerdo con lo pactado. Todo es un proceso lento para conseguir la paz, pero algún día futuras generaciones la probarán.
