Retos similares
Campañas sectarias, sociedades polarizadas y triunfos estrechos marcaron las elecciones centroamericanas. Los partidos ganadores son minoría en el Legislativo, lo que estrecha el margen presidencial.
En Panamá triunfó el 4 de mayo el empresario Juan Carlos Varela, a pesar de haber aparecido de último entre los tres candidatos emparejados en las encuestas y de sacar solo 12 de 71 legisladores. Vuelve así al poder el tradicional partido panameñista arnulfista. Desde 1989, ningún partido en el gobierno ha logrado reelegirse.
Martinelli perdió a pesar de haber usado su cargo y los recursos públicos en favor de sus candidatos, como lo señalan los observadores de la OEA. Varela denunció la corrupción en el gobierno actual –del cual es vicepresidente y fue canciller– y prometió luchar contra ella a partir del primero de julio.
En Costa Rica, el profesor y diplomático Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana, derrotó al bipartidismo el 6 abril, tras una campaña atípica. El candidato oficialista se retiró y cundió el temor por el ascenso del Frente Amplio, con simpatías chavistas. La abstención alcanzó el 43 por ciento. Solís anunció “un cambio inteligente sin extremos”, y llamó al diálogo para construir una cultura de acción ciudadana y de transparencia pública.
Aunque Solís solo contaba con 13 de los 57 legisladores, antes de su posesión, el 8 de mayo, logró ganar buena parte de las directivas del Legislativo gracias a los 9 votos del Frente Amplio y a los 8 del Partido Unidad Socialcristiana. Habrá que ver si la coalición se mantiene para cumplir sus promesas de construir un Estado de bienestar, aprovechar los tratados comerciales existentes, desechar nuevos y enfrentar el déficit, la deuda y la corrupción.
En El Salvador, el 9 marzo, Salvador Sánchez Cerén (maestro, exguerrillero, exdiputado, exministro de educación y actual vicepresidente) triunfó con una ventaja de solo 0,22 puntos. Cuenta con 31 de 84 legisladores. Infundiendo miedo, su contendor, de la Alianza Republicana Nacionalista, logró aumentar 10 puntos con respecto a la primera vuelta y, tras las elecciones, impugnó el triunfo del Farabundo Martí. Sánchez Cerén, por su parte, anunció “no más odio, no más guerra”, y convocó al diálogo para construir un modelo de sociedad distinto tanto del de Estados Unidos como del de Venezuela. Además, visitó a los presidentes de Cuba y Venezuela, a los del Sistema de Integración Centroamericana y al papa Francisco, y prometió viajar antes de su posesión, el primero de junio, a Estados Unidos, destino de dos millones y medio de salvadoreños, de cuyas remesas vive el país.
Crisis económica, deuda externa, pobreza, violencia, tregua de las maras, heridas abiertas de la guerra civil exigirán respuestas prontas. Aunque el gobierno actual descartó el ingreso al Alba, Sánchez dijo en el 2013 que preferiría unirse a esa alianza antes que a la del Pacífico, a diferencia de Panamá y Costa Rica. Maduro le prometió el apoyo de Petrocaribe y ratificó la presencia del Alba Petróleos, que funciona desde el 2006 mediante acuerdos de PDVSA con alcaldías dirigidas por el FMLN.
Los centroamericanos enfrentan problemas comunes: Estados débiles, corrupción y violencia, fortunas y miserias descomunales, liberalización sin desarrollo y con alta deuda externa, discrepancias sobre la integración. Y tienen retos compartidos, como el crecimiento y la redistribución, la intervención estatal sin anular la sociedad y las libertades, la tramitación de conflictos sin violencia ni autoritarismo, la despolarización y convivencia en el disenso.
Colombia tiene retos similares y solo podrá afrontarlos si derrota desde ya la polarización, que usa el odio y la venganza como arma política, sembrando una nueva semilla de violencia.
Por: Socorro Ramírez
