Responsabilidad Social contra el hambre
Orlando Parga
Muchas empresas vienen realizando loables esfuerzos para contribuir desde una verdadera responsabilidad social empresarial a procurar el bienestar de los menos favorecidos, pero todas estas acciones darían mejores resultados si estuvieran articulados en un solo propósito prioritario.
De esta manera para emprender socialmente se necesita convivir de manera generosa en nuestra comunidad; disponiéndonos para la ayuda y sirviendo con alegría el compromiso comunitario de entregar y entregarse sin esperar recompensa.
Lo social exige el reconocer y valorar a los demás para iniciar la construcción de una sociedad más justa, equitativa y en paz. Así mismo, el trabajo comunitario en beneficio del colectivo o del bien común, exige constancia y perseverancia porque los resultados de los proyectos sociales no son inmediatos, pueden tardar muchos años para alcanzar los impactos esperados en cuanto las afectaciones positivas en una comunidad o grupo poblacional específico de la sociedad.
Las empresas deberían dar sus aportes generosos para la ejecución de proyectos sociales que se ejecuten en su zona de influencia o de operación, con lo cual contribuyen al bienestar general y garantizan la construcción de una democracia equitativa, asegurando condiciones más favorables para el desarrollo de su negocio o actividad económica.
El ideal sería que todas las empresas, grandes, medianas y pequeñas, fueran altruistas en la medida de sus capacidades en la construcción de una sociedad equitativa y democrática, con especial entrega a dar sin esperar nada a cambio; aplicando así lo que desde el neoliberalismo se denomina responsabilidad social y desde el socialismo redistribución de la riqueza.
Existen necesidades apremiantes y urgentes de solucionar: por ejemplo el hambre que padecen muchas personas y erradicar la desnutrición en los niños debe ser una prioridad de toda la sociedad, incluido el sector empresarial. Según las Naciones Unidas un pequeño desnutrido padece a lo largo del año, 160 días de enfermedad lo que le dificulta el aprendizaje.
La población crece a pasos agigantados y de igual manera aumenta la pobreza en sectores marginales llegando a extremos que los alimentos no están al alcance de la familia, situación agravada por la burbuja del mercado en el que nos encontramos con la desaceleración económica por la que transitamos.
De modo que debemos ser innovadores y creativos en unirnos todos en un solo propósito y tratar de dar lo mejor de nosotros mismos para construir una mejor sociedad. Un emprendedor social conoce su barrio, ciudad y región e identifica rápidamente los desequilibrios sociales que arrojan como resultados la exclusión, discriminación y la angustia por las que pasan muchas personas.
Vamos a emprender una gran campaña en favor de entregar alimentos a los más necesitados y de paso erradicar el hambre en algún sector de nuestra ciudad. Los niños y niñas merecen mucha atención y el alimento diario favorece su crecimiento y concentración en la escuela. Todos deberíamos articular nuestras acciones en beneficio de acabar el hambre y la miseria.
El Padre Rafael García Herreros nos invitaba a vivir de tal modo que tengamos la sensación de que estamos dejando el mundo mejor de lo que lo encontramos. Que no quebrantemos nada, ni un árbol, ni una llama, ni un hombre, ni un niño, ni una mujer. Que todo lo embellezcamos, lo enriquezcamos. Propongámonos en este sentido, diariamente, algo definido. Tengamos imaginación para crear, para dejar nuestro rastro benéfico.
Y como lo dice claramente Jesús en una de sus parábolas escritas en Evangelio de San Marcos (12,38-44): …… se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.
