sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-01-25 08:28

Respete señor Petro

Margarita Suárez Trujillo

Escrito por: Margarita Suárez Trujillo
 | enero 25 de 2017

Terrible el desorden para ingresar a la plaza de toros de Santamaría en Bogotá, a presenciar la corrida de reapertura después de cinco años de estar cerrado el escenario. Una turba de manifestantes liderados por el señor Gustavo Petro y su alter ego, un tal Morris, golpearon, maltrataron, escupieron y robaron pertenencias (celulares, gafas, billeteras, etc.) a los asistentes a la corrida. A una funcionaria del gobierno distrital la descalabraron con un ladrillo y a varias personas las hirieron con piedras. Petro le confirmó a Vicky Dávila en su programa de radio, que asistió a la manifestación pero que no tiene nada que ver con los desmanes. Sin ponerse colorado, asegura: “Estuve presente en la protesta porque mi hija de 15 años hizo un cartelito contra el toreo y me pidió que la acompañara a la manifestación”. Jajaja, qué mentira!!! Como salió publicada en la revista Semana la afirmación (con fotos y todo) de que a él antes le gustaban los toros y asistía a las corridas, con su cinismo característico y obligado a reconocer la verdad, la “arregló” diciendo: “Sólo fui una vez y casi me vomito con el olor a sangre”. Pretende hacer creer que ese olor y el color rojo de la sangre le eran desconocidos. Pobrecito no lo había sentido nunca porque jamás ha visto una gota de ese líquido, ni de animales ni de humanos. Otra vez jajaja. Una líder antitaurina, presidenta de una ONG con nombre extranjero, dijo que los culpables de los desórdenes eran los taurinos por ingresar a la plaza por la carrera 7ª. “¿Por qué no entraron por la carrera 5ª donde no había protestas?”, dijo la fanática. ¿Qué tal ese cuento? Mi hija que acaba de llegar de España y fue a la corrida ilusionada y desprevenida, mientras se dirigía a la plaza recibió en la cabeza un baldado de agua manchado de tinta roja, además le gritaban en la cara palabras de grueso calibre, también escupieron a mi esposo, todo eso para provocarlos al igual que a los demás espectadores, con el fin de armar una trifulca mayor. Afortunadamente los taurinos no mordieron el anzuelo e ignoraron a los agresores. La cultura y el respeto de los amantes de la fiesta brava no estaban en los planes de los salvajes revoltosos.