domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-05-12 03:55

Resistencia, pero contra el horror de la guerra

Alfonso Vélez Jaramillo

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 12 de 2016

Si el ex presidente Álvaro Uribe, sus congresistas y los dirigentes del Centro Democrático llevan a sus hijos y nietos a la guerra para que personalmente  empeñen las armas contra las Farc, sería la única forma en que apoyaría su resistencia civil contra el proceso de paz de la Habana.

Esto no ocurrirá nunca y por eso es que me ofrezco

“La resistencia civil” se concibe como el desafió no violento a un mandatario, así como lo hacen los sindicatos y demás organizaciones sociales para reivindicar sus derechos y de manera sistemática obligarlo a negociar y, en determinados casos a que se retire del Gobierno.

No hay antecedentes históricos de alguien que se atreva a  convocar “una resistencia civil” contra un proceso de paz, como el de la Habana que cuenta con el apoyo de la comunidad internacional, porque precisamente su fin es acabar con una guerra de sesenta años. Algunos líderes han propuesto una resistencia civil para que cese una guerra, pero nunca contra un proceso de paz.

Esa convocatoria no le cabe en la cabeza a nadie, y me atrevo a señalar que ni siquiera a todo el uribismo, solo  al senador Uribe y su séquito, que sigue empecinado en el conflicto desde que dejó el poder, luego de no lograr ser candidato presidencial para un tercer periodo constitucional.

Se reconoce que Uribe combatió a las Farc como ninguno otro presidente en la historia y no ha retrocedido en su propósito de mantener la zozobra política descalificando el proceso de paz.

Nadie conoce todavía lo acordado, porque ni siquiera su texto ha sido publicado ni firmado y según el mismo gobierno y las Farc, este acuerdo de paz ya no tiene reversa, pese a todas las dificultades y los ataques.

El conflicto armado colombiano tiene sesenta años, es el más antiguo entre un gobierno y un grupo insubordinado, lleva más de 6 millones de víctimas, de las cuales han muerto más de 220 mil personas, y solo desde 1.984 unas 25 mil han desaparecido y cinco millones han sido desplazadas, según un informe presentado hace más de dos años por el Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH.

El CNMH asegura que de los 220.000 asesinatos debidamente documentados, 177.307 fueron perpetrados contra la población civil, es decir, el 82%, y unos 40.787 muertos corresponden a los combatientes.

Aun mas, de 16.340 crímenes selectivos registrados en la investigación del CNMH desde la década de los ochenta hasta dos mil trece, el 38,4 % se les atribuye a los paramilitares, el 27,7 por ciento a grupos no identificados y el 16, 1% a la guerrilla de las Farc, el 6,5 % a desconocidos y a la alianza entre la ultraderecha armada y, solo 0,4% a los cuerpos de seguridad del Estado.

Sin  contar que entre 1970 y 2010, un total de 27.023 personas han sufrido el terrible drama del secuestro, perpetrado por la guerrilla en un 90,6 % de los casos. muchos continúan en cautiverio desde hace varios años, sin pruebas de supervivencia.

Han cometido 1.982 masacres, especialmente contra campesinos entre 1980 y 2012, de las cuales se le atribuyen  a los grupos paramilitares 1.166,  o sea un 58,9 %, seguidos por las guerrillas con 343 (17,3 %), y 158 por miembros de la Fuerza Pública un (7,9 %),

Además la violencia sexual dentro del conflicto en el mismo periodo deja 1.754 víctimas, mientras que las explosiones de minas antipersonal han afectado a 10.189 personas.

Se han registrado 95 atentados, como el del Nogal, que han afectado a 1.566 personas, cometidos en un 82 % de los casos por los grupos guerrilleros, en un 16,8 % por bandas armadas no identificadas y en un 2,6 % por paramilitares.

Y como si fuera poco 6.500 niños y jóvenes de ambos sexos fueron reclutados por distintos grupos armados en medio siglo de conflicto, de los cuales 5.156 entre 1999 y 2012.

Con estas escalofriantes cifras no creo que haya un colombiano que se atreva a convocar una resistencia civil contra un proceso de paz.

Se infiere que una resistencia civil contra un proceso de paz, sólo la convocaría alguien con determinado interés particular, que mira el conflicto por televisión y está muy lejos de sufrir consecuencias directas porque cuenta con excelente seguridad, no como los campesinos y los ciudadanos de a pie que salen con la fe puesta en Dios para regresar vivos a su casa.