Religión, Racismo y Desplazamiento
Por Carlos Alberto Baena López
Los recientes hechos ocurridos en Estados Unidos, específicamente en la ciudad de Charleston, Carolina del Sur, donde 9 personas, todas ellas afrodescendientes, fueron asesinadas durante una ceremonia religiosa en la Iglesia Africana Metodista Episcopal AME Emmanuel, encienden nuevamente las alarmas sobre las constantes muestras de racismo y ataques a la libertad religiosa en el mundo.
Lo preocupante de este caso, no es solamente que el ataque fuera perpetrado por un joven blanco de 21 años mientras decía: “hay que matar gente negra”, sino que además tuvo lugar en una reconocida iglesia de la comunidad afro, algo que, además del componente étnico, incorpora en la discusión, con mucha fuerza, el trasfondo religioso de esta acción.
De la mano con este lamentable caso, nos encontramos también con el informe anual más reciente de la Oficina de las Naciones Unidas para el tema de Refugiados- ACNUR, en el que se muestra que para el 2014, alrededor de 60 millones de personas en el mundo, fueron víctimas de desplazamiento forzado, o tienen la condición de refugiados.
Estas dos cuestiones se relacionan, toda vez que uno de los principales factores que originan justamente los conflictos, y el desplazamiento, yace en el sentimiento religioso que se profesa.
Durante los últimos 4 años, según el informe, el aumento de la cifra se muestra más considerable a causa de la guerra en Siria, sin embargo, conflictos como los de Irak o Yemen; o los de África, en Nigeria, el Congo o Sudán del Sur, son muestra de que la libertad religiosa en el mundo sigue siendo un tema que clama por la atención internacional, y sobre todo, para que se le dé prioridad en las agendas de los Estados.
Para el caso colombiano, aunque subsisten muestras de debilidad institucional y cultural en relación con la convivencia, y el respeto a esta Libertad Fundamental, resaltamos hoy, una vez más, la importancia de que el Plan Nacional de Desarrollo, se haya propuesto la implementación de la Política Pública de Libertad Religiosa, de Culto y Conciencia.
Cada nación, debería trabajar para que cada ser humano fuese más abierto y más consciente del valor de la diversidad religiosa, de la multiculturalidad, de la igualdad étnica. Si en las bases de la sociedad existen raíces sólidas en este sentido, la construcción de la paz será un resultado natural y, lo más importante, una práctica colectiva y cotidiana.
