Reinician los diálogos
Tras el receso de fin de año, empezó ayer, formalmente, el ciclo número 32 de los diálogos de paz entre el Gobierno y las FARC, los que se extenderán hasta el próximo doce de febrero, fecha en la que seguramente –ojalá así sea- se avance en un punto más.
Entramos en una etapa complicada, donde se empezarán a estudiar los temas más álgidos, como la dejación de las armas, la participación política de la guerrilla, las eventuales penas a pagar y el manejo y desarrollo del postconflicto, puntos donde las diferencias son grandes (en algunos casos abismales) y donde se requiere de la conexión de las partes para no detenerse en nimiedades y avanzar al ritmo que el país quiere.
"Reanudamos los diálogos, esperando que se continúe con el cumplimiento de lo acordado en los términos conocidos por el pueblo de Colombia y el mundo entero. El respeto debido a este fundamento no puede ser descarrilado con fórmulas ajenas al proceso", indicó la guerrilla en un comunicado leído a la prensa por el comandante subversivo Joaquín Gómez.
Es una postura coherente, pero sobre todo un llamado a que no se pongan palos sobre la rueda, a que se avance respetando las reglas de juego, pensando en los intereses del país, sin permitir que los enemigos de la paz logren sus objetivos.
Analistas aseguran que cuando las FARC se refieren a las "fórmulas ajenas al proceso" de paz, están hablando del llamado "marco jurídico para la paz", la iniciativa del Ejecutivo de convocar una consulta popular para refrendar un eventual acuerdo de paz.
"Es necesario decir que, en atención al orden de la Agenda (de negociaciones), todo tiene su momento y lugar, lo cual no da espacios a soluciones postizas como los referendos con sabor y afanes electorales que escapan a lo ya convenido", dice el comunicado de la guerrilla.
Y en esto la guerrilla debe entender que no es una simple postura del Gobierno o un afán de protagonismo lectoral. Al estar frente a un tema de tanta relevancia para los intereses de los colombianos, pues tiene una lógica plantear que sean los propios colombianos los que refrenden o anulen lo actuado por las partes en La Habana.
Es difícil que el referendo tumbe un proceso de paz que todos anhelamos desde hace muchos años. Seguramente los colombianos no estarán de acuerdo en todo, pero sí en lo fundamental, en esas partes transcendentales de la negociación que terminarán con el conflicto, entonces las FARC no le deben temer al referendo.
Como vemos el proceso entra a un punto complicado, donde seguramente se presentarán muchos tropiezos, un momento en el que el Gobierno necesita del apoyo decidido de todo el pueblo colombiano para sacar avante esta negociación histórica y benéfica para un país que definitivamente quiere la paz.
