Regulación financiera y remesas del exterior
Sergio Clavijo
A nivel mundial, continuó siendo materia de preocupación el elevado costo transaccional que implica el envío de remesas por parte de trabajadores del exterior a sus allegados en sus países de origen. Un obstá- culo a la reducción en dichos costos transaccionales ha tenido que ver con la excesiva carga regulatoria, siendo la principal motivación estatal en ello la necesidad de prevenir delitos como el lavado de activos y la financiación del terrorismo. Más aún, recientemente se han endurecido las multas a las entidades financieras ante la más mínima sospecha de fraude.
Esta situación resulta inconveniente para las partes involucradas (trabajadores del exterior y sistema financiero), pues se ha demostrado que este canal transaccional representa un importante catalizador para la inclusión financiera. Paradójicamente, el endurecimiento regulatorio injustificado deviene en menor competencia para los oferentes de estos servicios transaccionales globales, resultando ello en mayores costos para los usuarios.
Por ejemplo, en Colombia los nuevos requerimientos patrimoniales, previstos por la Resolución Externa No. 3 de 2013 del Banco de la República, han impactado dichos costos, al limitar la acción de las Compa- ñías de Financiamiento en este tipo de actividades.
Recordemos que, en 2009, el G8 se comprometió a reducir los costos por envío de remesas del 10% (entonces) hacia un máximo del 5%. Esta tarea global va en la dirección correcta, pues dichos costos de envío se han logrado reducir a niveles del 7%-8%, pero aún está lejos de la meta. En el caso de Colombia, los costos de los giros desde EE.UU. y España también habían venido mostrando una tendencia descendente durante 2008-2014, pero estos han empezado a incrementarse nuevamente por cuenta de los mayores costos regulatorios.
De forma sorpresiva, este incremento en costos transaccionales ha ocurrido en momentos en que se observa un auge en las remesas hacia Colombia. En efecto, dichos ingresos llegaron a US$4.639 millones en 2015 (un 1.5% del PIB), creciendo 13.3% en dólares. Esta cifra en pesos bordea los $12.7 billones, la cual es récord al haberse incrementado en 55% frente al pico de 2014, resultado de combinar la mayor devaluación peso-dólar-euro con la recuperación de los mercados laborales en los países desarrollados.
Además de la problemática de elevados costos transaccionales, la banca multilateral ha venido señalando que la discriminación de dichos costos no resulta clara para el usuario. En particular, el Banco Mundial ha venido realizando esfuerzos por generar mayor transparencia a través de una plataforma que permite comparar costos transaccionales de múltiples entidades que ofrecen dichos servicios de remesas (www.remittanceprices.worldbank.org).
Pero, de otra parte, es claro que un exceso de regulación sobre el envió de las remesas termina por perjudicar a los usuarios de estos servicios, menoscabando la inclusión financiera (ver The Economist del 5 de septiembre de 2015). Como ya relatamos, inclusive en Colombia se han visto intermediarios financieros sobre-regulados que terminan siendo marginados del negocio de remesas.
