Rebeldes con causa
Luis Miguel flórez
Era mayo de 1968, finalizaba la primavera y en Francia se producía un estallido social sin precedentes. Miles de estudiantes inconformes, se levantaron contra el anquilosado orden reinante.
No derrocaron gobiernos, pero los efectos de sus protestas, sus manifiestos e iniciativas, se esparcieron por el mundo y cambiaron la vida de generaciones.
Desde entonces, la juventud no volvió a mirar atrás: Desafiaron, quebraron paradigmas, exigieron nuevos liderazgos y sembraron la semilla de un protagonismo creciente de la sociedad civil.
A partir de Francia, el resto de Europa y el mundo, una nueva generación irreverente y airada, soñaba con lo imposible para convertirlo en realidad. América Latina no estuvo inmune. De México a Argentina, el activismo universitario fue resorte del cambio social.
La historia de Colombia, recoge muchas páginas de juventudes comprometidas. Con diferencias de origen, contexto e intensidad, la rebeldía de los jóvenes impulsó decisivamente fenómenos políticos que interpretaron el momento e impactaron nuestra realidad: de Gaitán, a las esperanzas que encarnaba Luis Carlos Galán, o al movimiento de la Séptima Papeleta que derivó en la Constitución del 91.
También en algunas ciudades se ha expresado con fuerza el poder juvenil mediante el voto y una mayor participación en organizaciones políticas. Los jóvenes hoy exigen a los partidos la selección de mejores candidatos, -donde la meritocracia juegue un papel central-, promover la transparencia y combatir la corrupción.
Pero aun falta bastante. En una sociedad hiper-conectada, con múltiples canales de expresión, se requieren más ideas y organización. Como dice Krauze, las nuevas generaciones están resultando muy buenas para la denuncia y muy malas para la organización. El potencial democrático de los jóvenes no puede quedarse en los mensajes de las redes sociales; puede y debe ir más allá.
La rebeldía debería expresarse, por ejemplo, en un contundente rechazo a candidaturas oscuras y regresivas, y en el apoyo entusiasta a candidatos con liderazgo ético y probadas capacidades.
En concreto, en el caso de Neiva, me pregunto si los jóvenes podrían ver a Gorky Muñoz, como el defensor de sus mejores sueños. Ese controvertido aspirante a la Alcaldía, de escasa preparación, que afronta un cúmulo de graves demandas, que conserva un sospechoso contubernio con caciques y contratistas locales, por supuesto, no los representa.
El poder de los jóvenes, tiene una oportunidad única que quizás difícilmente se repita. A menos que hayan envejecido prematuramente por las dolencias del conformismo, esperaríamos que con su voto castiguen a quienes desprecian sus ideales. Y que mantengan vivo para siempre, uno de los juramentos del movimiento estudiantil: “Cambiar la vida, transformar la sociedad.”
