Qué problema….
Helber Mauricio Sandoval Cumbe
Hace un poco más de un año, un medio nacional publicó un breve informe acerca del aumento inusitado que tenía en nuestro país la venta de motocicletas y el paradójico escenario que ello creaba, pues a pesar de tratarse de un avance en términos económicos, la falta de control sobre ese tipo de aparatos se había convertido en un dolor de cabeza para las autoridades.
Nuestra ciudad y Departamento sí que es una muestra de eso. Probablemente el clima de nuestra región, la versatilidad del artefacto, los costos de su combustible, los menores impuestos que tributan y en fin, un sinnúmero de ventajas frente a otros “automóviles” de mayor envergadura, hacen de las motocicletas una solución perfecta para el transporte en zonas tropicales como la nuestra.
Pero hay que ver cuántos inconvenientes están generando para la movilidad éstos velocípedos. Si algunos dudan de la veracidad de los exámenes de aptitud para conducir que emiten las agencias autorizadas previa emisión oficial de las licencias de conducir, en tratándose de éste tipo de conductores la incertidumbre sobre su idoneidad, sobre todo en cuanto a respeto de normas de tráfico, es total. La misma maniobrabilidad ha sido aprovechada para invadir zonas exclusivas del servicio público, carriles de bicicletas y hasta andenes peatonales, con enorme riesgo para la vida de los ciudadanos.
Paulatinamente nos hemos hecho al lado de la situación y con cierto desdén, estamos permitiendo que crezca un fenómeno que lentamente se está convirtiendo en caldo de cultivo para un problema social mayor: La crisis de movilidad generada por la superación cuantitativa de las motocicletas.
Lo peor es que según las cifras oficiales, el porcentaje de motociclistas víctimas de accidentes ha venido creciendo del 18 al 23%, lo que tal vez se explica porque la versatilidad de éstos vehículos se traduce en vulnerabilidad y una riesgosa exposición a choques y reacciones insoportables para el cuerpo humano.
Creo que estamos en mora de regular estrictamente ésta situación (población y circulación controlada y educada) pues los argumentos económicos de limitación a una industria próspera e incluso la críticas por afectación a un medio de transporte económico y accesible no pueden servir de abrigo al patrocinio de los espectáculos de afectación a los derechos de los demás y abuso de conducción a los que diariamente nos exponen quienes lejos están de darle ese uso útil a éstos velocípedos.
