Que no se nos olvide
Julio Cesar Triana
Estrategas en marketing político recomiendan a sus asesorados impactar mediante la proposición en público de temas que lleguen a las fibras de la sociedad y generen tal aceptación o rechazo que los convierta en adalides de causas masivas.
Ya lo acabamos de ver en Estados Unidos. El recién posesionado Presidente avivó en las masas de clase media, el sentimiento nacionalista y parece que le resultó. Al margen de lo que piensa el mundo entero, los latinos y la misma dirigencia del país potencia, logró vencer y así como tiene enormes contradictores, también tiene adeptos furibundos que ya exteriorizan peligrosamente su homofobia.
Recientemente en nuestro país se lanzó una campaña conjunta contra la corrupción. Alguna o algunas personas se abanderaron la causa, pretendiendo convertir ésta propuesta en su imagen personal, lo que seguramente generará enormes réditos pues se trata de un mal generalizado cuyo rechazo es común. Quién podría estar de acuerdo con la corrupción?.
Y lo digo porque aunque negar el mal de éste fenómeno sería igual que restar beneficios a la ingesta de agua, no creo que toda la movida que se ha dado en los medios de comunicación y hasta las estrategias planteadas en los órganos de control, esté innovando. La lucha contra la corrupción es una función obligada de éstas instituciones, para ello nacieron.
Lo que si veo con preocupación es que ad portas de una campaña electoral, ya algunos se adelantaron, estratégicamente a generar puntos de reflexión, pensando en su beneficio personal, olvidándose que el problema latente que tiene nuestra sociedad, aún no lo hemos resuelto.
Alguien puede dar cuenta con exactitud, en qué va la implementación del proceso de reinserción de los miembros de las FARC. Acaso los futuros candidatos han propuesto alternativas para superar la inseguridad en el país, ese flagelo que toca al rico, al pobre, a la mujer, al hombre y en general, amenaza nuestra misma vida.
Creo que debemos hacer frente contra la corrupción. Pero también, que no debemos dejar las cosas a medias y que el próximo proceso electoral no haga olvidar el tamaño de compromiso que tenemos como sociedad en acoger a quienes dejaron las armas para reinsertarse a la sociedad. En el Huila acabamos de sentir el lamentable episodio de un secuestro y mucho me temo que su origen está en la delincuencia común, esa que amenaza con apoderarse de nuestra tranquilidad.
