domingo, 05 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-07-02 09:26

Que no se debilite la seguridad

Un atentado terrorista dejó ayer sin la señal de Claro (telefonía celular) a los municipios de San Agustín, Pitalito y Altamira, generando además pánico en los pobladores de Altamira que tuvieron que soportar el estruendo de la detonación.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 02 de 2014

Que no sea este el regreso del horror y la zozobra, de los cruentos, hostiles e inhumanos actos terroristas que la guerrilla dirige supuestamente contra el Estado, pero que terminan afectando injustamente a la débil población civil.

Lo que se sabe es que la guerrilla dinamitó la torre en la madrugada del martes y que horas más tarde el Ejército tuvo que detonar, de manera controlada, otras cargas que la guerrilla dejó sembradas en el lugar para atentar contra los uniformados.

El aleve ataque se registró en la vereda El Grifo, a pocos kilómetros del casco urbano de Altamira, población que empieza a padecer los rigores de una violencia que no le pertenece.

En el Huila el comentario generalizado es que la seguridad se está debilitando y eso asusta. La extorsión va en aumento –así las estadísticas oficiales digan lo contrario- afectando a todos, empresarios, comerciantes, hacendados, campesinos y transportadores, sin que se tenga la certeza de quién o quiénes son los responsables.

Por eso es que no podemos bajar la guardia. En momentos en que la guerrilla de las Farc y el Gobierno adelantan una negociación de paz en medio del conflicto, sin treguas, los más afectados somos los habitantes de esta parte del territorio nacional, donde tradicionalmente han tenido su accionar estos reductos.

Por eso no es extraño el hallazgo de explosivos como sucedió hace un par de días en Caquetá -departamento vecino- como tampoco los actos terroristas como el presentado en las últimas horas en Altamira.

Por esto es que es bueno llamar la atención ante este tipo de acciones, que aunque leves -afortunadamente no dejaron pérdidas humanas- no pueden convertirse en ese pan de cada día que ya vivimos y que solo nos dejó desolación, ruina y graves heridas en el alma y en el cuerpo.

Apoyemos nuestras instituciones, denunciemos y tal vez lo más importante, no permitamos que los violentos, que son menos, se apoderen nuevamente de esta bella tierra de promisión.