Que no se cometa una injusticia
La comunidad protestó en forma airada en defensa de dos de los tres hombres capturados por la Policía como presuntos responsables del crimen del educador Manuel Ignacio Reyes, lamentable y reprochable caso perpetrado dos semanas atrás en el municipio de Rivera.
Lo que se sabe oficialmente es que uno de los detenidos, quien ya confesó ante las autoridades su participación en el magnicidio, es quien está señalando y acusando a los otros dos labriegos, personas que la comunidad reconoce como humildes trabajadores del campo, sin antecedentes penales y con arraigo amplio en el poblado.
Será la justicia la que defina si fueron o no responsables de este crimen que enlutó y que conmocionó al Huila, pues el profesor Reyes fue un hombre bueno y bondadoso que no mereció un final tan funesto y desdichado.
Pero también hay que reconocer que ningún sistema judicial en el mundo es perfecto y que por lo mismo caer en el error, que para el caso se traduce en injusticia, es probable.
“Es mejor un culpable libre que un inocente preso”, es la premisa que en derecho manejan todos los impartidores de justicia, con la lógica de que privar de la libertad a un inocente, es toda una barbaridad, es la mayor expresión de la iniquidad, un error irremediable y de marca mayor que además es imposible de enmendar, pues la libertad es el más preciado de los derechos del hombre.
Recientemente vimos el caso del carpintero del Caquetá, quien estuvo a punto de ser extraditado a los Estados Unidos, sindicado de ser el cerebro de una red de lavadores de activos por medio de sistemas informáticos. Ante el clamor de una comunidad, el trabajo dedicado de un sacerdote y la presión de los medios de comunicación, se comprobó que el señalado delincuente era un simple desplazado por la violencia, una víctima más que ni siquiera sabe prender un equipo de cómputo.
En el presente caso ya está plenamente establecido que uno de los detenidos, confeso asesino, es un exintegrante de la guerrilla –hoy desmovilizado- con un amplio prontuario delictivo y varias entradas a centros carcelarios.
Lo que alega la defensa de los otros dos hombres es que éste sujeto, intentando obtener beneficios personales, como rebaja en la pena, entre otros, está enlodando el nombre de inocentes.
No somos quien para determinar si los detenidos son o no culpables, pero sí podemos dar fe que hay una comunidad contrariada con las detenciones y que por lo mismo es sano hacer una revisión minuciosa del proceso y de las pruebas que contra ellos tiene la Fiscalía, para que dos inocentes no terminen pagando por un crimen que no cometieron.
La justicia debe ir hasta el final, sin escatimar esfuerzos, hasta dar con el paradero de los asociales que le arrebataron la existencia a un hombre probo, virtuosos y ejemplo para toda la sociedad, como lo fue el profesor Reyes, pero también es bueno escuchar al pueblo y revisar el caso para no cometer una imperdonable injusticia.
